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Florentino brinda opio al pueblo madridista

El presidente comparece ante los medios únicamente para desmentir un ultimátum a Mourinho de parte de sus capitanes. El corresponsal del Real Madrid Alberto Piñero lo analiza

Florentino Pérez rompió este jueves “su norma de no hablar del día a día del equipo”. Lo hizo en una comparecencia en el Palco de Honor del Santiago Bernabéu, ante la presencia de aproximadamente un centenar de periodistas que habían sido citados con premura este mismo jueves por la mañana. No había estado ni en la presentación de José Mourinho, desde que llegara en 2009 sólo cuando se despidió a Jorge Valdano, con lo que la expectación era máxima. Y el presidente dio el paso definitivo de bajar al barro.

Ya en la entrega de insignias de oro y brillantes a los socios más veteranos rompió una lanza en favor de Mourinho en uno de los peores momentos del equipo este curso. E igual en las Asambleas de socios compromisarios. Pero esta vez citaba a los medios ex profeso para tratar un tema de actualidad concerniente a la estabilidad institucional y deportiva del Real Madrid, desmintiendo que los capitanes hubieran dado un ultimátum a Mourinho. Hace bien el presidente merengue. Primero y fundamental, porque debe luchar contra toda mentira y falsedad que se cometa contra su persona y su club, venga de donde venga. Pero también, porque a escasos meses de las elecciones presidenciales, y de la más que probable marcha de su técnico fetiche al que le ha concedido todo el poder, no podía quedar el poso de que Florentino Pérez se había dejado arrastrar por la marcha del club, como si comandara el desgobierno, o casi peor, el gobierno de alguien que no era el presidente.

Ahora, y sin querer restarle ni uno de sus derechos a hablar y desmentir cuanto quiera, el motivo por el que ha comparecido el presidente blanco despierta suspicacias. Porque no es la primera vez que se escuchan estas mismas informaciones que publicaba Marca en otros medios de comunicación, porque es más que debatible que esto haya sido lo más grave que ha sucedido en sus tres años y medio de mandato como para darle tal relevancia (tanto de fuera como de dentro del propio club), y porque sólo ha desmentido el extremo de que se haya pedido un ultimátum a Mourinho en la comida del martes, sólo en esas condiciones y en esas circunstancias. Entre otras cosas.

Sea como fuere, parece más bien que en el fondo del todo subyace la intención del presidente de tratar de unir a un madridismo que en los últimos partidos ha mostrado su descontento con el entrenador. Ha tratado de reconducir la situación hacia una estabilidad y de apartar los focos de la actualidad deportiva e institucional poniendo a los medios de comunicación en el ojo del huracán. No es nueva esta estrategia. El propio Mourinho la viene haciendo constantemente. Y más allá, también en algunos regímenes políticos se suele utilizar esta fórmula de poner a un enemigo común para buscar la unión de los propios congéneres.

De ahí quizás que no haya querido hablar del futuro de Mourinho, de sus guiños constantes a la Premier, de su enfrentamiento con el Bernabéu en el derbi, de la discusión que tuvo con un periodista, del estado actual del vestuario para con su entrenador, ni sobre todo, de los quince puntos que le lleva el líder al Real Madrid. Para eso sí que no hay explicación oficial todavía.

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