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El técnico zaragocista sacó a los suplentes para jugar un partido que parecía trascendental y se lo puso muy fácil a los andaluces para meterse en semifinales

La de ayer no será una noche que Manolo Jiménez recuerde con gran cariño en su carrera profesional, ya que su equipo, el Zaragoza, cayó contundentemente por 4-0 ante el que fue su club tanto de jugador como entrenador. La derrota echó por tierra las aspiraciones coperas de los maños y da alas al Sevilla FC, al que el torneo del KO puede ser la tabla de salvación de esta aciaga temporada.

A pesar de que la eliminatoria estaba totalmente abierta tras el 0-0 de la ida, el Zaragoza salió con un once novedoso dejando a sus dos grandes estrellas como son Helder Postiga y José María Movilla. Con lo que parecía que renunciaban a pelear por el pase a semifinales antes de que ni siquiera el balón echara a rodar. Todo lo contrario que Emery, que sabe que este torneo puede ser el éxito que salve a los suyos de la mediocridad en la que están inmersos está temporada y la vía más rápida para clasificarse para Europa.

Con todo, el Zaragoza no se arrugó y las ganas de los jovencísimos jugadores que alineó Jiménez crearon algún problema a la zaga nervionense. Pero todo se diluyó en escasos cinco minutos cuando una concatenación de adversidades, como son la expulsión de Fernández, la lesión de Álamo y el gol de Negredo, parecieron sentenciar las, ya de entrada, escasas ilusiones de los visitantes.

Con la ventaja numérica tanto en el campo como en el marcador, los nervionenses jugaron a placer y se pudieron ver algunas de las cualidades que Emery ha transmitido a sus nuevos jugadores, entre las que destacan la intensidad y la velocidad en las transiciones. Mención aparte merece Rakitic, el croata es la auténtica brújula del juego de este equipo, y también Negredo, que ha silenciado las críticas con dos buenos goles.

El Sevilla no pierde la sonrisa copera y está solo a dos partidos de tocar la gloria con las manos. El 4-0 supone la primera victoria de los rojiblancos en la era Emery, que de momento ha caído de pie en su nuevo puesto. Aunque esta vez Jiménez facilitó en exceso las cosas, su trayectoria en Copa es casi impoluta, y los sevillistas ya sueñan con volver a levantar el trofeo como hicieron en 2007 y en 2010.

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