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El vestuario merengue une fuerzas en pos de terminar el campeonato de la mejor forma posible. Como hace año y medio. El corresponsal del Real Madrid Alberto Piñero lo analiza

“Hablamos entre todos y ya estamos en el buen camino” espetó Sami Khedira este martes en rueda de prensa, confirmando sucintamente lo que varios medios de comunicación ya publicaban desde primera hora de la mañana: que los propios jugadores del Real Madrid han mantenido diversas reuniones últimamente con el objetivo de conjurarse para salvar la temporada de la mejor forma posible. Y ya sea causa o consecuencia, lo cierto es que no han perdido aún en este 2013, dejando en Mestalla este domingo (0-5) el mejor partido de lo que va de temporada con mucha diferencia.

Recuerda esta conjura a aquella que tuvo lugar a finales de septiembre del año 2011. Entonces el Real Madrid venía de perder la Supercopa contra el Barcelona con el famoso dedo de Mourinho en el ojo de Tito Vilanova, de perder contra el Levante perdiendo las formas, y de empatar a nada contra el Racing de Santander, dejando una imagen paupérrima en el inicio de campaña, y rondando en el ambiente los primeros conatos de desunión en el vestuario. Tras uno de los entrenamientos en Valdebebas, el equipo blanco decidió celebrar una barbacoa televisada a todo el mundo, para demostrar su unión y su voluntad de sacar las cosas adelante.

Di María silenció Mestalla
El resultado: desde entonces hasta el final del curso sólo volvió a perder contra el Barcelona en Liga en diciembre, y contra el Bayern de Múnich en Champions en abril. Nada más. Lo que le valió para conquistar el título de Liga más lustroso de la historia del campeonato, con innumerables récords en su haber.

Ahora llega esta otra ‘barbacoa’ algo más privada, pero de la que esperan sacar el mismo resultado. Difícil parece. Porque aquella fue en septiembre, y no en enero, con quince puntos de diferencia respecto al líder. Porque las diferencias entre jugadores y cuerpo técnico son hoy mucho más grandes que hace año y medio. Y también, porque para entonces el Real Madrid no había terminado de saborear las malas sensaciones a excepción de un par de partidos, cuando este año debe capear con cuatro meses y medio de pájara.

Es una buena medida, sea como fuere. Seguro lo agradecerá el equipo, el club y la afición. Lo que no era tolerable es que el Real Madrid se dejase llevar, que deambulase como alma en pena por los campos de España, que se autodestruyese con constantes polémicas internas cuando se trata de uno de los equipos más poderosos del mundo. Queda justo la mitad de la temporada para comprobar sus efectos. Sólo la mitad, pero al fin y al cabo la parte más importante, pues como dicen en tenis, el punto más importante de todos es el último, el único que te da la gloria.

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