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¿Dónde estaba este Real Madrid en la primera mitad del curso?

El equipo blanco bailó al Valencia en su estadio (0-5), cerrando el mejor partido de toda la temporada con Ozil, Di María y Ronaldo en plan estelar. Alberto Piñero lo analiza

El Real Madrid avasalló al Valencia este domingo en Liga, en el que era el segundo capítulo de esa particular trilogía. Era el partido que más a favor tenía el Valencia por aquello de jugar en casa, la distancia merengue con el Barcelona y que el equipo blanco estaba más centrado en Copa y Champions. Y sin embargo, el meneo en la primera mitad fue histórico. El mejor precedente posible de cara al partido del próximo miércoles en Copa además.

Fue sin duda el mejor Madrid de toda la temporada. Serio en defensa, con chispa en el contraataque, seguro de sus posibilidades, robando el balón muy arriba, efectivo de cara a puerta… el Madrid arrollador que se pudo ver la temporada pasada y parte de la anterior, pero que todavía no había aparecido en el presente curso. Si acaso contra el Barcelona, pero ni eso.

Buena parte de culpa la tuvo esta vez José Mourinho. Se vislumbraba una ‘mourinhada’ en el horizonte y sin embargo apostó por resistir a las rotaciones y poner prácticamente el mejor equipo posible, con apenas un par de retoques. Los Casillas, Ronaldo, Ozil, Xabi, Khedira estaban sobre el campo. Y con ellos, el Real Madrid pudo mostrar su mejor versión. Venció y convenció. Esta vez, sí. Sin discusión. El madridismo puede exhibir manita, orgulloso del partido de los suyos en Mestalla. Al menos hasta el miércoles.

También podrá ir con la cabeza bien arriba Ángel Di María después del partidazo que se marcó. Entró en la defensa valencianista como cuchillo en mantequilla permanentemente. Como solía hacer. Como no había hecho todavía desde que se lesionara hace ya más de un año. El Real Madrid echaba de menos su vértigo, su capacidad de desequilibrar. Con él, el equipo es otro. Y en Mestalla se pudo ver.

Idéntica situación que con Mesut Ozil, que en Mestalla pareció jugar vestido de esmoquin. Encontró a la perfección los huecos entre líneas y, son espacios, se movió como mejor sabe, dejando dos asistencias, y multitud de detalles técnicos de muchos quilates. Volvió a ser el faro que mejor guía el ataque blanco. Otros días no se encontraba ni a sí mismo, y ante el Valencia fue capaz de encontrar a todos sus compañeros. Y si a los mejores Ozil y Di María se le suma un buen Higuaín y un brillante Ronaldo nuevamente, el resultado es un Madrid a la altura del de la Liga de los récords. Ni más ni menos.

Aunque no debería dejar de preguntarse tampoco dónde estaba este Madrid en la primera mitad de la temporada.  Por qué ha llegado esta reacción cuando la Liga estaba ya imposible y no antes. Karanka, en su primera respuesta en sala de prensa, y aunque no tenía mucho que ver la pregunta, ya deslizó que “las cosas que dice el cuerpo técnico pública y privadamente son por algo, para mejorar”. Bonita medalla se colgó después de haber puesto el ventilador para esparcir la mierda cada vez que perdía puntos respecto al Barcelona hasta llegar a los 18. No está bien eso, no es ni ético ni estético. Porque si este Madrid estaba ahí, no había desaparecido, alguien deberá responder por qué no se le había visto como en Mestalla en los cinco meses anteriores. Le toca disfrutar al madridismo, pero siempre quedará el regusto amargo de qué hubiera pasado si este Madrid hubiera aparecido en septiembre y no en enero.

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