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El germano se está destapando en la presente temporada sin el corsé de mantener permanentemente la posición en el mediocentro. Alberto Piñero analiza su nuevo rol en el R.Madrid

"La confianza que tiene tras la lesión le lleva a un estado de forma impresionante. Es un jugador que quizás no entre muy por los ojos al público pero sabemos el trabajo que hace y es un gusto ver cómo juega y todo lo que aporta defensivamente y en ataque". El que habla es Aitor Karanka, es de suponer que en nombre del cuerpo técnico del Real Madrid. Y del que habla no es otro que Sami Khedira, un jugador que, cual oruga, está mudando la piel, cada vez más parecida a la de una mariposa.

Ya a finales del año pasado se le pudo ver mucho más liberado en el rectángulo de juego, sin ese corsé que le obligaba a guardar la posición en el centro del campo para equilibrar el juego de un equipo con un gen atacante innato, con muchos jugadores prestos a encarar la portería contraria. Esta temporada no queda ya ninguna duda. Mourinho le ha concedido el salvoconducto y Khedira tiene libertad para incorporarse al ataque como buen mediocampista llegador que es. Como demuestra con la selección alemana.

Ni Khedira ni el propio Mourinho habían negado nunca que las exigencias impuestas en el Real Madrid eran distintas a las de la Mannschaft cada vez que saltaba la duda de la diferencia de nivel dependiendo de la elástica que se enfundara. Ahora, sin esas férreas responsabilidades, se ve a una nueva versión mejorada del ‘6’ blanco. Y no parece casualidad que haya marcado tres goles en lo que va de campaña con el Real Madrid cuando en los dos años anteriores había marcado cuatro en total. Khedira se lanza al ataque sin miedo, es uno más, revertiendo así la desconfianza que tenían en él sus propios compañeros años anteriores.

No se le puede pedir la destreza de Cristiano Ronaldo o de Mesut Ozil en posiciones de mediapunta, y sobre todo en jugadas en estático, porque no la tiene. Cuántas veces se ha escuchado últimamente la frase de ‘Si esa en lugar de pillarla Khedira, la coge Benzema’. Pero es que es lo lógico, si no, Khedira sería delantero y no mediocentro. El germano intenta desenvolverse lo mejor posible en posiciones más avanzadas, especialmente llegando desde atrás. Y aunque haya fallado unas cuantas, de momento ya son tres goles y cinco asistencias los que ha cazado hasta el momento este curso. Algunas decisivas como ante la Real, o este mismo martes ante el Valencia. Un muy buen balance por tanto que, desde el desarrollo personal, hace mejor al Real Madrid.

Pues con esta variante, el equipo blanco es más imprevisible, más difícil de defender, los rivales tienen que preocuparse ahora de detener a un atacante más, especializado en aparecer en los momentos y lugares donde menos se le espera. Y sea causa o consecuencia, lo cierto es que el dibujo táctico del Real Madrid poco a poco está mutando del clásico 4-2-3-1 a un 4-3-3. Sobre todo, en unos últimos partidos donde, con Xabi Alonso como vértice del triángulo dado que apenas se incorpora al ataque, Khedira y Modric juegan en muchos tramos a la misma altura.

Lástima que no se haya podido disfrutar de este Khedira cuando el Real Madrid mejor carburaba, y tenga que ser ahora con un equipo ciclotímico. Pero sea como fuere, es más que bienvenida esta nueva predisposición, mucho más proclive al fútbol. Sin esos innecesarios tarugos en el mal entendido rol de únicamente defender.
Por Alberto Piñero | Madrid | @pineroalberto

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