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El brasileño se deja ver en Milán, y dice estar dispuesto a "hacer un sacrificio" para regresar a San Siro. El corresponsal del Real Madrid Alberto Piñero analiza esta maniobra

“Para mí es una situación delicada. Si el Real Madrid y el Milan se ponen de acuerdo, estoy dispuesto a hacer un sacrificio para regresar”. El que habla no es otro que Kaká, que este miércoles se marchó a Milán para “reencontrarse con viejos amigos” como Robinho, con el que se dejó ver compartiendo mesa y mantel. Ver a Kaká entrenándose en Valdebebas es misión imposible, verle sobre el césped en un partido sigue siendo también más que difícil, pero qué sencillo parece ser ubicarle en un restaurante a cientos de kilómetros de Madrid. Eso sí, en la ciudad de su ex equipo, con el que se le relaciona todavía cada vez que se abre el mercado de fichajes.

No parece casualidad. Máxime cuando se deja entrevistar por unos medios italianos que un día después de esa cena anuncian una reunión entre los agentes del brasileño y el Milan para tratar un posible traspaso al cuadro lombardo. Desde luego que no. Más bien tiene tintes de una petición de rescate a gritos. El ‘sacrificio para regresar’ es la nueva ‘línea de crédito europeo’, como dijo eufemísticamente Mariano Rajoy en su momento.

No es de extrañar tampoco. Este verano Kaká fue puesto en el mercado, pero parece que las ofertas deportivas no terminaron de agradar al jugador, mientras que las propuestas económicas hacían lo propio con el club blanco. Quizás el brasileño pensaba que entrenándose el doble podría alcanzar el nivel que se le exigía al Real Madrid y completar así un curso satisfactorio en lo individual, después de sumar Liga y Copa desde las sombras del banquillo merengue. Pero no ha sido ni mucho menos así. Desde luego, doce partidos y quinientos minutos en media temporada no puede ser considerado como un balance positivo.

No para el jugador, que después de deslizar hace unos meses que estaría dispuesto a escuchar ofertas dependiendo de lo que sucediera, parece tener ahora ya sí claro que la felicidad no la va a hallar ni en Valdebebas ni en el Santiago Bernabéu. Y tampoco puede ser considerado como un balance positivo para el club, que derrocha una ficha millonaria en un jugador que pierde valor en el mercado a pasos agigantados. El divorcio ya no le va a salir barato al Real Madrid de ninguna manera, pero viene siendo necesario desde hace tiempo que ninguna de las dos partes sale ganando nada.

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