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El ex entrenador blaugrana por fin anunció su destino en los banquillos, un Bayern de no muy buen recuerdo para el madridismo. Alberto Piñero lo analiza desde la perspectiva blanca

Bárcenas, Muñiz Fernández, Ignacio González, De la Rosa, Gallardón… todos fueron protagonistas en un momento u otro de este miércoles, por motivos bien distintos respectivamente, y todos quedaron eclipsados finalmente por Pep Guardiola. El técnico español rompió su silencio y se destapó uno de los secretos más esperados de la presente temporada: entrenará al Bayern de Múnich la próxima campaña y hasta 2016.

El técnico catalán batió casi todas las marcas posibles con su Barcelona, ganó prácticamente todos los títulos posibles desde que aterrizó, concentró los focos del fútbol mundial con su estiloso y extremadamente perfeccionista juego de posición, erigiéndose así en un referente indiscutible en el balompié de nuestra época. La expectación estaba justificada. Y lo es incluso más ahora que ya se le conoce destino.

Pues en el ambiente sigue flotando esa perenne duda sobre cómo se desenvolverá Guardiola en un club que no es el Barcelona. Allí fue jugador, era técnico en las categorías inferiores, y prácticamente un ídolo para la afición. De ahí que le costara poco meterse a jugadores, público y medios en el bolsillo en un primer momento, antes de que el juego y los resultados silenciaran por sí solos cualquier conato de zozobra. Ahora marcha al Bayern, otro país, otro idioma, otras costumbres, otra liga, otro fútbol, otro equipo y otros futbolistas donde quizás no sea tan fácil implantar ese estilo que ya había echado raíces en Can Barça. Será apasionante descubrir cómo se desenvuelve con todos esos novedosos factores.

Lo que no ha cambiado es que seguirá siendo una de las ‘bestias negras’ del madridismo después de haberle hecho atravesar por unos últimos años duros, hasta que la temporada pasada se ganara la Liga. Buena parte del madridismo, haciendo gala del clásico señorío, le guarda mucho respeto deportivo al de Santpedor por lo conseguido estos años. Pero otra buena parte está esperándole con el hacha desmitificadora preparada. En la eterna comparación de los últimos años entre Mourinho y Guardiola, del culé se destacaba su estilo y sus títulos, mientras que del portugués se destacaba sobre todo su capacidad para ganar en distintos países. Y los hay que aguardan con inquietud el momento en que vean refrendadas sus teorías.

“Se marcha a una liga muy muy difícil, con equipos muy muy poderosos, a un club sin casi jugadores ni recursos económicos. Pep es muy atrevido” me escribía un amigo madridista nada más conocerse la noticia del fichaje de Guardiola. No sé de qué me extraña tampoco. Un técnico que ha hecho hincar la rodilla al Real Madrid en los últimos años contrae matrimonio con un club que es la bestia negra del madridismo en Europa por antonomasia: el Bayern de Múnich, su último verdugo en Champions además. No serán muchos madridistas de éstos los que queden embriagados con los éxitos del cuadro bávaro, desde luego.

Desafortunadamente para el público, ahora en Alemania, Guardiola sólo podrá medirse cara a cara con el Real Madrid apenas un par de veces por temporada, y si así lo estima la Champions League. Afortunadamente para los amantes del fútbol, queda una próxima Bundesliga 2013-14, completa de principio a fin, para comprobar la evolución de Guardiola y del Bayern de Múnich en una alianza que, a priori e independientemente de los colores, promete emociones fuertes.

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