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Expectación por saber cómo recibirá el coliseo merengue al entrenador de Setúbal después de dos pitadas consecutivas. El corresponsal del Real Madrid Alberto Piñero lo analiza

El Real Madrid regresa este martes al Santiago Bernabéu después de firmar un esperpéntico partido en Pamplona ante Osasuna. Recibirá a un Valencia crecido desde la llegada de Ernesto Valverde en una competición como la Copa del Rey que es el clavo al que agarrarse hasta la llegada de la Champions League. Y quizás después también. Recupera Mourinho para esta final adelantada a Cristiano Ronaldo, pero aún se mantiene la duda sobre la titularidad de Casillas en la portería. El propio técnico la mantiene, mejor dicho.

Estará todavía convencido de que el toque de atención a Casillas habrá surtido el efecto deseado en el guardameta. El coste ha sido muy elevado para el técnico eso sí, tanto como innecesario. Y es que desde el partido en Málaga, la afición blanca no se presta a más ‘jaimitadas’ como éstas del técnico. Han sido ya muchas veces las que ha dejado en el ojo del huracán al club en estos dos años y medio, y mientras que los resultados acompañaban podían ser hasta cierto punto tolerables (ahí tiene algo de razón Piqué incluso), pero a 18 puntos del Barcelona ya no son soportables.

Así se lo ha hecho saber el madridismo al propio Mourinho, y también a Florentino Pérez. Ya no sólo participa esa parte tan ruidosa de las redes sociales, sino que hay otra facción del madridismo que también siente inquietud por manifestarse. Y si ante el Espanyol se logró evitar al no citar a Mourinho por megafonía, las pitadas al técnico en el coliseo merengue en los partidos ante Real Sociedad y Celta de Vigo han sido superlativas, e innegables.

No se trata ya de que el público del estadio pite a los que corean a Mourinho, como sucedió hace un año ante el Athletic, o esta misma temporada ante el Alcoyano. Se pita al propio Mourinho. Una parte del madridismo no está contenta con él. Se le pitó cuando se anunció su presencia desde la megafonía del estadio, pero en Copa el pasado miércoles, también cuando salía del banquillo para dar indicaciones.

De ahí que exista una cierta inquietud por saber lo que sucederá este martes cuando aterrice el Valencia en el Santiago Bernabéu. Ante la Real Sociedad se le pitó por lo sucedido en Málaga y por dejar a Casillas nuevamente como suplente.  Sonaba a toque de atención. Pero la pitada se repitió ante el Celta, aunque en menor medida, después de haber ganado apenas tres días antes y ya con Casillas restituido como titular. Lo que invita a pensar que no es una pataleta circunstancial, sino un conflicto en toda regla.

De sucederse de nuevo ante el Valencia este martes, no quedará ya ninguna duda a esta teoría. La pitada pasará a adquirir un carácter de crónico. El descontento con el técnico dejará de ser el estado de excepción para ser considerado el régimen que gobierne el ánimo del madridismo. Hasta que las cosas cambien, es de suponer. Ya sea sobre el césped o en el propio banquillo. La duda reside en saber cuál de las dos llegará primero.

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