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El extremo se adscribe a las teorías conspiranoicas establecidas por Mourinho, y desliza la idea de que hay una persecución deliverada al Madrid por parte del estamente arbitral

Resonaron los ecos del discurso de José Mourinho en la sala de prensa de Valdebebas pese a la incomparecencia del mánager ante los medios una vez más. “Hay errores de los árbitros que a veces no se cometen por error”, deslizó Di María en la que fue la primera comparecencia de un miembro del Real Madrid después de que el Barcelona ensanchara la diferencia a dieciocho puntos.

Existe un empeño orquestado por Mourinho en el Real Madrid que traza los problemas del equipo en torno a complejas tramas externas que impiden al equipo competir en igualdad de condiciones. Los comités, las televisiones, la prensa, la UEFA o los árbitros han sido señalados recurrentemente como estamentos que, de alguna manera, estarían orquestando una campaña premeditada para desestabilizar al club.

“Ustedes saben que los árbitros nos están pitando mal”, denunció el futbolista argentino en una alocución que volvió a remitir a las externalidades como el foco de los problemas del Madrid, que asiste con una resignación y rendición impropias en la historia de la institución ante la eclosión del Barcelona, que lo ha descabalgado con una prematura inimaginable.

Como viene haciendo Mourinho desde que llegó al Madrid, en una política que se ha recrudecido en los momentos de mayor zozobra, Di María alentó un supuesto doble rasero para medir. “Hubo expulsiones, rojas que no mostraron a los rivales, pero si a nosotros”, argumentó el extremo.

Una vez más, el Madrid pretende explicar con los errores de los árbitros, lo que en realidad es un paisaje desolador para el club. Indigno con la propia historia. Más allá del gol mal anulado a Callejón en el Reyno de Navarra, el análisis del Madrid debería focalizarse en el juego plano del equipo, que contando esta acción del extremo, sólo disparó una vez más a puerta en todo el partido. Con todas sus limitaciones, Osasuna desnudó a un Madrid que no tuvo más recursos que la patada a seguir. Un planteamiento ramplón para una de las plantillas más caras de la historia de este deporte.

Hace ya tiempo que el discurso del Madrid es un lloriqueo ciertamente cutre. Da grima ver a Mourinho o a los jugadores blancos desviar la atención aislando el interés en el debate arbitral después de ver esperpentos como el de Pamplona.

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