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El luso sacó de la oscuridad a los blancos con tres goles ante el Celta que le dieron la clasificación y un balón de oxígeno superlativo. El corresponsal del Real Madrid lo analiza

Se clasificó el Real Madrid para los cuartos de final de la Copa del Rey con más apuros de los que se podía esperar en un principio. Saltó al campo con la quinta marcha puesta y el Celta no supo a qué pedal debía pisar para frenarlo. Marcó dos goles en los primeros veinte minutos, pero perfectamente pudo haber finiquitado la eliminatoria antes del descanso con un mínimo más de acierto de cara a portería. Por fin se podía ver a un Real Madrid reconocible, como el de estos dos años anteriores. Un Madrid arrollador, con pegada, con chispa, aun sin exhibir su mejor versión de todas.

Desafortunadamente, duró poco. Hasta el descanso, precisamente. Suele suceder con los enfermos, a los que una simple brisa de aire les supone un constipado de inmediato. Xabi Alonso tuvo que dejar el césped por unas molestias cervicales, y ahí el Real Madrid se despistó. Aun estando a medio gas como viene estando el tolosarra, es el mejor guía posible que tiene este equipo. Se ve a años luz, desde hace tiempo, y aun así nadie ha sido capaz de poner remedio todavía a esta dependencia. Malo, a la larga.

Las constantes permutas de posiciones tampoco ayudaron demasiado. Essien pasó a ser mediocentro, se cambió el sistema a un 4-3-3, Ramos pasó a ser lateral derecho y Varane central. Dibujo que apenas duró cuarto de hora porque el defensa español y el francés terminaron intercambiándose posiciones. Cambios que Nacho veía desde la grada, por cierto. Habría que preguntarle a Mourinho el porqué. Y con todos estos focos de despistes, al final el equipo blanco terminó saliéndose del partido. Como viene siendo habitual esta temporada. Y muchos dirán que fue por la expulsión de Ramos, pero lo cierto es que la pájara le había entrado media hora antes a los de blanco.

Mostró dos caras el Madrid, como Jekyll y Hyde. Al menos esta vez mostró su lado bueno durante medio partido, deberá congratularse el madridismo, que además logró la clasificación en lo que supone un balón de oxígeno superlativo. Aunque vuelve a quedar la sensación de que, si esta vez se pudo ver a un Madrid más hecho fue, nuevamente, única y exclusivamente por la contribución de Cristiano Ronaldo. Y eso que los Khedira, Ozil y Modric anduvieron de notable en la primera mitad, pero aun así, queda el poso de que sin el ‘7’, este Madrid estaría completamente a la deriva. Es el que tira del carro, el que dispara, el que monta los ataques, el que pone la testiculina, el que marca… lo es prácticamente todo en este Madrid.

Y el tercer gol es una acción muy sintomática de ello, con un Ronaldo que se recorre todo el campo para recibir el pase de un Higuaín que ni siquiera amaga con intentar el gol pese a estar guiando el contraataque. En cuanto divisó la llegada del luso por su izquierda le cedió a él la pelota, sabedor quizás de que si el luso no era capaz de marcar gol, difícilmente podría hacerlo cualquier otro del equipo.

Debería alegrarse la afición merengue por poder gozar de uno de los mejores jugadores del mundo, el mejor en el 2012 al menos, a un nivel como el que exhibe Ronaldo. Aunque a su vez, es inevitable sentir cierto vértigo. Primero, por qué pasará cuando al ‘7’ no le salgan las cosas, como ya ha sucedido durante algunos tramos de esta misma temporada. Siendo prácticamente el único pilar que sustenta al equipo en ataque, sin él se siente un enorme vacío en campo contrario. Si no estuviera la Liga ya perdida, no sería muy aventurado afirmar que ésta caería por su propio peso el próximo sábado en Pamplona, con Cristiano sancionado.

Pero hay que ir más allá. Pues se siente aún más vértigo de pensar en qué pasaría si Ronaldo se marchase este verano. Desde hace tiempo se viene advirtiendo: Ronaldo es más importante para este Real Madrid incluso que el propio Mourinho, al que por cierto le volvieron a pitar este miércoles. Hubo aplausos sí, pero eso debería ser lo normal, y sin embargo las pitadas vienen teniendo tintes de ser habituales de aquí al final. El ‘7’ se está ganando la consabida renovación día sí y día también. Y mal haría el Real Madrid si no pone toda la carne en el asador para lograrla.

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