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El técnico obvió la tradicional rueda de prensa previa a un partido después de que quedara retratado viendo a su hijo a la hora de la gala del Balón de Oro, a la que tampoco acudió

Queda la mitad de la temporada y, a estas alturas, el Real Madrid zozobra en alta mar sin un patrón capaz de llevarlo a buen puerto. Un día, no hace mucho, fue Mourinho el que le llevó a alcanzar las cotas más altas, sin embargo el técnico de Setúbal está totalmente desbordado por los acontecimientos. “Es para mí algo nuevo esta situación” reconoció públicamente hace escasas fechas, y parece que el técnico no ha terminado de hacerse a este nuevo rol, con un vestuario que no le secunda en su totalidad y con un equipo que marcha a años luz del liderato en la Liga. Más bien todo lo contrario.

Y es que si bien siempre se ha caracterizado por no saber guardar las formas lo más adecuadamente posible, parece que desde hace unas fechas, Mourinho definitivamente ha perdido el norte, tomando decisiones que difícilmente parecen beneficiosas para el club que le paga y que debe defender. La última, la de no acudir a la gala de la FIFA para el Balón de Oro.

Está en todo su derecho de no acudir, faltaría más. Pero la escena le deja retratado, valga la paradoja. La foto de Del Bosque y Guardiola en la rueda de prensa previa, sin el de Setúbal, así como en el momento de la entrega. Y la foto de los cinco jugadores madridistas incluidos en el once ideal junto a Florentino, sin que estuviera presente el entrenador, también nominado.

Mourinho no pensó en el Real Madrid, pensó en sí mismo. Y quedó señalado por su ausencia, pero a su vez dejó marcado al propio club blanco, al nombrado Mejor Club del Siglo XX por la propia FIFA, que siendo uno de los protagonistas principales de la entrega de los premios a los mejores del año, no pudo contar con la presencia de su entrenador, uno de los buques insignia, el auto proclamado máximo representante del club.

Se excusó con que tenía que trabajar de cara al partido de este miércoles. Ya chirrió en su momento, cuando lo anunció, dado que en otras ocasiones ya había acudido a este tipo de eventos aun teniendo partidos entre semana. Y la propia gala terminó de acentuar ese vacío. Pero las fotos que publicó el diario As un día después de Mourinho viendo el entrenamiento de su hijo a la hora de la gala son el reflejo perfecto de la pantomima que está representando el técnico madridista en estos últimos tiempos.

Esa foto le delata. Medio mundo estaba pendiente de esa gala, fue consciente de la ausencia del técnico, y un día después esa instantánea se ha reproducido en media Europa. La ‘jaimitada’ ha quedado al descubierto. Hasta el punto de que un día después ha rehusado comparecer en sala de prensa en la previa de un partido que ha sido calificado como “una final” por el propio Xabi Alonso, el que cogió su testigo.

El Real Madrid zozobra, y Mourinho pierde todo su crédito a pasos agigantados. ¿Dónde queda ya la imagen de entrenador ganador, de magnífico comunicador, de motivador único, de personalidad sincera, directa y honesta con la que siempre se ha revestido a Mourinho? En Valdebebas y el Santiago Bernabéu desde luego que ya no se percibe como tal.

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