thumbnail Hola,

La selección cerró en la Euro un círculo irrepetible que le garantiza, con todos los honores, un puesto en el panteón del fútbol gracias a sus títulos y a un estilo imperturbable

A falta del reto más grande jamás contado, la Copa del Mundo de Brasil 2014, España cerró la noche de 1 de julio en Kiev un círculo irrepetible. La final ante Italia, que le convirtió en la primera selección en encadenar tres grandes títulos consecutivos, fue la sublimación de un estilo. La ópera magna de una generación superlativa de futbolistas con quienes la historia será justa. Con todos los honores, esta España ya tiene un lugar de privilegio en el panteón del fútbol. Títulos al margen, la selección de Luis Aragonés primero, y ahora de Vicente del Bosque, contará en su legado con la herencia de un estilo de juego arraigado que aspira a marcar el camino del fútbol en las próximas décadas.

Convergen en esta España el pragmatismo y la onírica. Sólo así se explica el camino recorrido en Polonia y Ucrania en un mes para el recuerdo. Si la final representó una oda a la precisión, el toque, la velocidad y la estética del juego de posición elevada a la máxima potencia, el discurrir del torneo marcó indeleblemente todas las otras señas de identidad que desmarcan a esta selección de sus competidoras.

España no sólo es la que mejor juega, sino también la que mejor compite desde 2008. Esa fue la gran victoria de Aragonés. Ese fue el germen de todo lo que vino después. El seleccionador cambió la mentalidad de un grupo que ya no ha mirado atrás y que siempre ha encontrado la fuerza interior para prevalecer. Ante las dificultades encontradas, España siempre ha sobrevivido, auscultada por un estilo innegociable, una mentalidad granítica y sostenida por un portero infranqueable, que acumula diez partidos eliminatorios sin encajar un gol.

Resulta conmovedora la figura de Iker Casillas para la selección española. Siempre en los momentos de mayor zozobra del combinado ha emergido el mejor portero del mundo. Seguro el mejor que ha dado España. Quizás el más grande que ha dado la historia de este juego. En Polonia y Ucrania, una parada imposible ante Rakitik cuando España caminaba por la cornisa en la fase de grupos, y su actuación en la tanda de penaltis contra Portugal agarraron a España a la vida. En este equipo, Xavi es el estilo, Iniesta la diferencia y Casillas el ángel de la guarda. Se lo pueden decir a Robben, alguien que recordará cada día de su vida la parada que el portero del Madrid le hizo en la final de la Copa del Mundo de 2010.

Sería injusto en cualquier caso focalizar la victoria de un equipo tremendamente coral, un conjunto que se viste por los pies y que es la punta del iceberg de un sistema que empieza en los cimientos. Esta generación abandera un trabajo de cantera que comenzó hace dos décadas y que ha cristalizado ahora. Futbolistas como Iniesta, Silva, Mata, Cazorla o Cesc, y otros que vienen, véase Thiago, Isco o Beñat, son el secreto mejor guardado del fútbol español. Hace ya unos años que España tomó la decisión que le reclamaba César Luis Menotti. “Decidir entre toro y torero”. Sin la fortaleza física o el vigor de otros, España ha elegido la vía del juego. Una veta que los demás gigantes intentar trasladar ahora a sus categorías inferiores.

La selección es una noticia refrescante para el juego. La constatación de el camino más sencillo sigue siendo la pelota. Holanda marcó el juego en los setenta. Italia siempre ha marcado las vitrinas. España, en cuatro años, ha marcado ambas. Casi nada. Gracias por los recuerdos.

Artículos relacionados