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El técnico decidió sentar en el banquillo a Casillas, pero no sólo salió él perdiendo, sino también Adán. El corresponsal del Real Madrid Alberto Piñero lo analiza

El Real Madrid jugó este sábado en La Rosaleda ante el Málaga con la estampa inusual de Iker Casillas en el banquillo, con Antonio Adán bajo los palos. Hasta cierto punto era habitual que fuera así en partidos de las primeras rondas de Copa del Rey, o incluso en partidos de Champions o Liga con todo decidido, pero nunca en un partido con tanto en juego como había este sábado en la Costa del Sol. Nunca en los últimos diez años, por ser más concretos.

Mourinho se atrevió a hacerlo. Él dice que fue una decisión técnica porque Adán está mejor que Casillas. Pareció más bien un castigo a Iker, o incluso un pulso con el vestuario y el club, máxime cuando se ha conocido que este verano pidió un portero más. Sólo el de Setúbal y sus allegados lo sabrán a ciencia cierta. Pero lo que parece claro es que su apuesta le salió como al que escupe hacia el cielo.

Primero, por el consiguiente conflicto que ha abierto entre el madridismo y el vestuario con una decisión tan polémica como debatible. Porque el equipo no estuvo mejor sin Casillas bajo palos como lo estuvo en anteriores partidos con el capitán sobre el césped. Y porque al final ha terminado por dejar marcados a dos jugadores de su propio equipo: Iker, por supuesto, pero también el propio Antonio Adán.

En el caso de Casillas, porque después de que Mourinho llevara unos cuantos partidos hablando de que percibe falta de compromiso entre sus discípulos, e incluso después de dar a entender que había tres ovejas negras en su vestuario, es inevitable pensar que el técnico pretende señalar al portero como uno de esos jugadores contrarios a su régimen. Pocos le podrán creer, pero de momento lo intenta, que algo siempre queda.

Pero es que con el castigo a Casillas, Adán también tuvo que arrastrar con la penitencia. No por jugar, sino por hacerlo en esas condiciones, con el equipo en crisis como está, con una transición en la portería tan abrupta y por unos motivos no muy nítidos. Inevitablemente, los focos estaban también puestos sobre él. Y más que lo estuvieron después de consumarse la derrota con Adán bajo los palos, aun cuando no fue responsable directo y único de los tres goles encajados.

La situación dibujada no era la ideal para darle la alternativa a Adán. Quizás el técnico pensara que sí. Eso dijo, al menos. Pero sea como fuere, el poso que queda es que para consumar su castigo, terminó sacrificando a sus dos porteros.

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