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El equipo blanco firmó este sábado su enésimo ridículo con un esperpéntico Mourinho. Si no está forzando su marcha del club, desde luego que lo parece. Alberto Piñero lo analiza

El Real Madrid firmó este sábado su enésimo resbalón esta temporada en La Rosaleda. No un resbalón cualquiera además, un auténtico esperpento. Terminando con un 3-2 en el electrónico, con Callejón de lateral izquierdo, Kaká sobre el campo, Xabi y Casillas en el banquillo, y Sergio Ramos de delantero centro. Uno más en la presente campaña, y alimentado fundamental y nuevamente por Mourinho. No será el único causante de esta crisis en el Real Madrid, pero lo que es seguro ya es que no es la solución. Lo pudo ser en el verano de 2010, pero no ya en diciembre de 2012.

Y va más allá de la desconcertante decisión de castigar a Casillas, aunque lo quiera llamar como lo llame. El Real Madrid este año no tiene fútbol, no tiene resultados, hay días que no tiene ni actitud (que no fue el caso en La Rosaleda), no tiene unidad, y sin embargo tiene muchos frentes abiertos, todos ellos con un eje central en el actual cuerpo técnico dirigido por Mourinho. Demasiados frentes para el mal momento que está atravesando el equipo blanco, para el ridículo que se está cuajando sobre el césped. Y además, programados con cierta cadencia y falta de oportunismo.

No se trata ya de simples cortinas de humo, de centrar la atención con constantes e incongruentes polémicas, hablando de los árbitros, del calendario, del estado del césped, de las muecas de jugadores y técnicos rivales u otras circunstancias relativamente banales. Se trata de que en estos últimos meses Mourinho ha atacado al club por no tener portavoces que secunden su filosofía, ha atacado a sus propios jugadores acusándoles de poco profesionales, ha atacado a los aficionados -hablando además de madridistas disfrazados- y se ha encarado con ellos antes del derbi, ha atacado a la prensa con un último episodio deleznable encerrándose con un periodista apenas horas después de que el presidente le defendiera públicamente, ha atacado a la estructura de la cantera… todos ellos miembros de su propio club, y dibujados todos ellos como rivales de la causa del entrenador cuando deberían ser todos ellos un impulso más para llevar la barca a buen puerto.

Asimismo, entre medias, todavía ha tenido tiempo de vacilar con su continuidad en el club blanco, y de venderse a la Premier League desde la sala de prensa del Etihad Stadium. Si todo esto no es estar a años luz de lo que un club puede esperar de su entrenador, si todo esto no es prepararse el camino para una próxima marcha del club, desde luego lo parece. Parece que en su huida hacia adelante, a Mourinho ya no le preocupa cuántos ni de quiénes son los cadáveres que pueda dejar en la cuneta, ya sean de su propio club o de otros, o si una ‘decisión técnica’ (venga con la firma de Casillas, Ramos, Essien, Coentrao, Modric, u Ozil) puede influir negativamente al equipo mientras él pueda salirse con la suya. Si no es así, desde luego es difícil de entender cómo Mourinho puede seguir manteniendo esa compostura cuando a todas luces se ve que no es positivo ni para el equipo ni para el club.

Y en esta tesitura, quizás sea la marcha del técnico la solución no ya para retomar las riendas del club a nivel de valores y señorío, sino para reconducir la marcha del Real Madrid. Desde luego que por muchas lagunas que pueda tener el Manchester United, este Madrid no sería capaz de eliminarle si es incapaz de arañar a Celta, Espanyol o Málaga. Y quedan dos meses para la Champions, tiempo suficiente como para recuperar las sensaciones, pero desde luego no si siguen las cosas igual, viendo el ritmo al que cae el Real Madrid y la facilidad con la que hace el ridículo a cada partido que juega.

Vale que José Mourinho es uno de los mejores entrenadores del mundo, vale que devolvió al Real Madrid a un lugar de privilegio que hacía tiempo que no ocupaba, pero a día de hoy es más un problema que la solución. Y el madridismo tiembla ante la transición con otro entrenador después de lo visto en Oporto, Chelsea e Inter tras la marcha del técnico de Setúbal. Lógico por una parte, teniendo en cuenta la filosofía del luso de exprimir todo y a todos en estos dos años y medio. Pero si bien una transición pausada hacia el inicio de la próxima temporada podría ser lo más lógico y sensato, no es menos cierto que ante una transición que se prevé abrupta, se podría ganar tiempo desde este mismo mes de diciembre, con la próxima eliminatoria de Champions aún en ciernes.

Más allá del hecho de que la marcha de Mourinho de sus anteriores equipos siempre había sido traumática, pero esta vez la situación no es idéntica. En ocasiones anteriores el luso contaba con el apoyo mayoritario de su vestuario y de su afición. Y también, dejaba al club en la cresta de la ola. Y ése no es el caso actual. Ni cuenta con el respaldo unánime, y el equipo marcha a dieciséis puntos del Barcelona. Síntomas más que suficientes para que otros entrenadores estuvieran ya en la cola del paro. Y sea en enero o en junio, ¿por qué no también Mourinho visto lo esperpéntico de esta temporada?

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