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El mánager, que hasta ahora no se había atrevido a sentar al capitán, termina de tensar la cuerda en un proceso por el que parece buscar ser cesado del club blanco

José Mourinho tomó en su política de gestión del vestuario del Real Madrid una decisión que no tiene marcha atrás. Tras muchos meses de guerra fria, el mánager blanco finalmente dio el paso que tanto le costó evitar en el pasado, y se limpió a Iker Casillas de la alineación titular. Enfrentado al mayor tótem de la institución desde la salida de Raúl, Mourinho ha terminado de declarar un conflicto irrespirable dentro del plantel.

La suplencia de Casillas es la última y más rimbonbante medida que Mourinho ha tomado dentro de una premeditada estrategia para abonar su salida del club. Desde el principio de temporada, el mánager marcó una definida hoja de ruta para allanar su marcha en el caso de que las cosas fueran mal. En las últimas semanas, su plan ha experimentado una virulencia mayor, precipitado por una serie de resultados que han abocado a Mourinho a una huída hacia delante. La indeferencia de la grada cuando estableció el plebiscito antes del partido ante el Atlético de Madrid, terminó de desnortar al mánager, quien no obtuvo el recibimiento faraónico que esperaba.

Desde el inicio del curso, Mourinho se ha encargado de depurar su responsabilidad en la mala racha de resultados que asola al equipo. A costa de salvar su prestigio, el mánager ha puesto a los pies de los caballos a sus jugadores, a la cantera y a la propia institución. Reiteradamente, Mourinho ha puesto en duda la profesionalidad del plantel en público. En Sevilla, llegó a afirmar que “no tiene equipo”.

Tampoco ha quedado eximido Toril, el entrenador del Castilla, del reguero de bombas de humo que Mourinho ha lanzado para viciar el ambiente y direccionar los debates a puntos perimétricos al juego del equipo. En el club, hace ya tiempo que empezaron a sospechar que el mánager estaba empedrando el camino para lo que algunos llaman “la salida digna”, algo que obsesiona a Mourinho, quien quiere difuminar con anterioridad las causas de lo que se aboca como un fracaso en el Real Madrid. Piensan, que llegado el punto, Mourinho alegará la falta de apoyos del club como motivo principal de su marcha.

La pasada semana, los acontecimientos terminaron de tomar una dirección sin retorno. Acompañado de sus subalternos, Mourinho orquestó y amparó una medida coactiva y pendenciera sobre el periodista de Radio Marca Antón Meana, a quien encerró en la antesala de la sala de prensa y le conminó a revelar sus fuentes. Una acción barriobajera que por sí sola hubiera justificado una expulsión fulminante del club.

Florentino Pérez observa preocupado hasta dónde puede tensar la cuerda Mourinho. Cuentan, que nunca llegó a pensar que el mánager llegaría tan lejos en el pulso que mantiene abierto con Casillas, quien a los ojos de Mourinho representa el beneplacito de la prensa. Mourinho nunca le ha perdonado a Casillas lo que el considera una actitud desleal de Casillas, quien casi siempre se ha mostrado refractario a criticar a los árbitros, además de mostrarse conciliador con los futbolistas del Barcelona. Hasta ahora, Mourinho había aguantado como mal menor. Sabedor de las consecuencias de esta decisión, el mánager nunca dio el paso de sentar a Casillas. Hasta el partido ante el Málaga. Ya no siente razones para mantener la viabilidad anímica del vestuario. Mourinho quiere señalar culpables de lo que intuye va a terminar en fracaso.

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