thumbnail Hola,

Mourinho parece cada vez más alejado del Real Madrid, con resultados y sus propias actuaciones dejándole en evidencia. Se espera una respuesta del club. Alberto Piñero lo analiza

Por fin llegó el día de la entrega de insignias a los socios más veteranos del Real Madrid. El día en que Florentino debía mostrar su apoyo a Mourinho en público, como algunos bien anunciaron hace un par de semanas. Y como a la postre terminó haciendo el presidente merengue: “Tenemos al mejor entrenador del mundo, con una trayectoria impresionante y la exigencia como norma de comportamiento. Mourinho ha tenido que soportar ataques y descalificaciones injustas, algunas de ellas que afectan a la dignidad de la persona. Desde aquí, José Mourinho, quiero expresarte mi reconocimiento, mi confianza en tu trabajo y todo mi cariño” fue lo que dijo concretamente.

Un mensaje que ha calado hondo. Una parte del madridismo le venía demandando al presidente desde hace tiempo que saliera al ruedo, que se mojase, y este sábado por la mañana se regocijaba por fin con su aparición.

“Debemos mantener la unidad” pidió Florentino. Él desde luego que ya puso de su parte la semana pasada. Pues no sólo alentó a Mourinho el sábado, sino que también hizo lo propio con Casillas el viernes, y con Sergio Ramos el lunes. De uno dijo que era “uno de los mejores capitanes de la historia” del club, mientras que del otro dijo que “era uno de los mejores defensas”. Alabando en ambos casos los valores que siempre llevan por bandera, como referentes del madridismo. Declaraciones a las que, irónicamente, esa misma facción del madridismo que pedía apoyo público para Mourinho ya no les hizo tanta gracia.

Sin embargo, Florentino ha dado un paso adelante por cada uno de ellos. Los quiere a todos, por separado, pero también juntos. Aunque esta segunda combinación parece algo más difícil. Desde luego, la trayectoria del equipo y los gestos de Mourinho invitan a pensar en ello.

No obstante, el técnico apenas tardó seis horas este mismo sábado en dejar en evidencia la defensa pública del presidente, encerrándose junto a dos de sus ayudantes con un periodista intachable como Antón Meana para presionarle y sonsacarle las fuentes en una acción impropia y deleznable. Lo que sólo es el último de una retahíla de actos que cuesta pensar que se le hubieran tolerado a cualquier otro entrenador: dar la Liga por perdida públicamente, citarse con el Bernabéu para que le silben, hacerle un guiño a la Premier desde Manchester, arremeter contra los portavoces del club, cargar contra el entrenador y dirigentes del filial, o dejar la puerta de su continuidad abierta, sólo por citar algunos que han tenido lugar en el último mes aproximadamente.

Y por otro lado, el Real Madrid zozobra esta temporada, a 13 puntos del liderato. Con el técnico completamente desbordado por la situación: “Los jugadores han abandonado el camino” dijo incluso Mourinho este domingo en rueda de prensa. Situación ante la que parece haber emprendido una huida hacia adelante sin importarle los cadáveres que deje en la cuneta. Y eso, sin el sostén de los resultados, es intolerable, no ya en el club blanco, sino en cualquier entidad del mundo.

Florentino debería saberlo. Y durante los dos años anteriores en los que se venían haciendo las cosas maravillosamente sobre el césped, podría ser comprensible ese silencio impregnado de consentimiento con la figura del entrenador. Pero no ahora, que el equipo camina moribundo, con su proclama resonando aún bien fuerte en el imaginario de muchos madridistas: “Mourinho nos ha agitado para entender bien qué significa eso del señorío”. Eso llegó a decir Florentino, sí. Y entonces el debate quedó eclipsado por los resultados, pero ahora son los propios resultados los que llevan a primera plana esa particularísima proyección del señorío madridista que ejerce Mourinho y esa permisividad desde dentro del mismo club.

Es el momento por tanto de que el presidente empiece a ejercer como tal de nuevo. Y lo más sensato sería que empezara a preparar la transición en el banquillo desde ya mismo. Por la decisión que pueda tomar el propio técnico, errante donde los haya, o por el devenir mismo de la temporada. Pues, a la espera de ver los títulos sumados a final de curso, a día de hoy el proyecto de Mourinho parece agotado. El de Setúbal ha exprimido todo, y a todos, como se sabía que haría, y ya no parece encontrar respuesta a sus reclamos. No es casualidad que como máximo estuviera tres temporadas en un mismo club, y en junio cumplirá tres temporadas con el Real Madrid. Y todos saben lo mucho que les costó recuperarse a todos los clubes una vez pasó el ciclón Mourinho, en todos los sentidos.

Públicamente, encajan mensajes como los que se vienen vertiendo estas semanas, de unidad, de apoyo. Porque el equipo y la afición lo necesitan. Pero también porque el que se mueva será el que salga en la foto, porque todos saben quiénes son los que primero abandonan el barco cuando va camino de hundirse, y nadie quiere quedar como tal. Ahora, por otro lado, sería inteligente moverse para dejar sentadas las bases para un siguiente paso en firme, puesto que ya se sabía desde hace tiempo que sería espinoso. Empezando por recuperar el gobierno del club y, guiado simplemente por la ética, el respeto y la educación, recuperar también el sosiego institucional que quedó diluido hace ya dos años y medio. Porque no sólo hay una única facción del madridismo que entiende que Florentino debe salir de nuevo al ruedo después de mucho tiempo en la sombra esperando acontecimientos.

Artículos relacionados