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El portero afirma que las críticas son "feroces" cuando apunta a que su marcha del club está más cerca que lejos. El corresponsal del Real Madrid Alberto Piñero lo analiza

"Dentro de 4 ó 5 años quiero disfrutar del fútbol de una manera más relajada. Si con 31 años hay comentarios y las críticas son feroces, imagina con 37". El que habla no es otro que Iker Casillas, que en una entrevista con La Sexta, como ya hiciera la semana pasada en diversos actos promocionales, comienza a afrontar la posibilidad de la retirada sin tapujo alguno. Es lógico. A cualquiera le gustaría seguir viendo a los Zidane, Ronaldo, Di Stéfano, Cruyff y compañía todavía por el césped, pero el inexorable paso del tiempo es de las pocas cosas que hacen a todos los seres humanos iguales. Y con Casillas no iba a ser menos.

Sin embargo, lo que llama la atención de este propósito hecho público no es el hecho en sí de la retirada, o de la salida del club, sino el énfasis que le pone a los motivos que la pueden provocar o adelantar: las críticas. Podía haber dicho que quería ‘disfrutar del fútbol de una manera más relajada’ por la presión de ganarlo todo, por la necesidad de una vida familiar imposible con tanto viaje y dedicación, por la experiencia de vivir el fútbol en otros clubes y países, por la intención de no arrastrarse por los terrenos de juego, o por otros veinte motivos más. Y seguramente sea una mezcla de todos ellos, evidentemente. Sin embargo, y aun camuflado tras las risas, lo que parece que más agita a Casillas a día de hoy son las críticas. O al menos, sí que ahora ocupan un lugar mucho más importante en su mentalidad de lo que podían hacerlo hace tan sólo unos años atrás.

Y curiosamente hablamos de un futbolista que precisamente no ha sido muy criticado durante su carrera. No ha hecho muchos méritos para ello. Más bien todo lo contrario. Lo ha ganado prácticamente todo siendo una parte vital de cada uno de los equipos con los que ha participado. Hasta esta temporada, en la que empezó menos firme de lo habitual, y sí le llegaron bastantes críticas. Muchas. Quizás desmedidas, incluso. Lo que parece que ha dejado su correspondiente huella.

Y es que a las críticas puramente deportivas se unieron algunas otras de una parte del madridismo que llevaba tiempo ya clamando porque entendían que Casillas era un mal capitán. Por no alinearse con su entrenador, por algunos roces que trascendieron a la opinión pública, por no hablar con los medios de comunicación en momentos tensos de estas dos últimas temporadas, por no celebrar los goles, por ser supuestamente un topo para la prensa, por no ser lo suficientemente madridista, incluso por favorecer un clima de cordialidad con jugadores del Barcelona que eran compañeros en la selección. Hubo un momento en el que parecía que todo valía.

Todo esto, unido a las críticas puramente deportivas relacionadas con la mala marcha del equipo conformaron un clima realmente tenso, donde incluso era más audible esa cierta animadversión para con el jugador madridista, lo que nunca había sucedido en sus trece años en el primer equipo del Real Madrid. Lo que motivó que durante principios del pasado mes de octubre, y mientras estaba concentrado con la selección española, Casillas publicara un escrito a través de las redes sociales donde venía a defenderse de todas esas acusaciones. Lo que tampoco había tenido que hacer nunca antes.

Y es inevitable recordar ese comunicado y todo lo que lo motivó cuando ahora Casillas menta las críticas, por no decir los críticos, en la misma frase en la que habla de su marcha del Real Madrid. Por la gratuidad, injusticia y desproporción de la inmensa mayoría de aquellas críticas. Porque hace muchos años que no se ve un portero como Casillas en el fútbol español, y pasarán algunos otros hasta que se vuelva a ver. Porque los entrenadores y sus respectivas filosofías pasan, pero no caduca la idiosincrasia del Real Madrid, y Casillas es un exponente inmejorable de ella. Y quizás algunos de esos críticos de gatillo fácil no se den cuenta todavía de todo ello, pero se darán. Esta ceguera es transitoria, no definitiva.

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