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Sergio Ramos, el hombre bueno del presidente

Florentino Pérez se rinde al central, al que considera "uno de los nuestros" y un hombre que encarna como pocos en la actualidad los valores históricos del madridismo

Los días posteriores a la visita del Manchester City al Santiago Bernabéu desencadenaron algunos de los momentos de mayor desencuentro entre Florentino Pérez y José Mourinho. La decisión de degradar a Sergio Ramos, una medida arbitraria e incendiaria, resultó desconcertante para el presidente, que tiene al central español como uno de sus jugadores favoritos de todos cuantos conforman la actual plantilla del Real Madrid. Ante la reacción de su jefe, Mourinho entendió que Ramos es un tótem intocable.

“Sergio, gracias por ser uno de los nuestros”, invocó Florentino, quien reclutó del Sevilla al defensor con 19 años. Siete temporadas después, Ramos es uno de los emblemas de la institución, el segundo capitán y un futbolista que está marcando la historia del club y de la selección española.

Dentro del Real Madrid, Ramos representa como pocos el custodio de los valores inalienables a la persona y también al club. Son momentos sombríos para el madridismo, que indefectiblemente, y producto del sectarismo interno provocado por su mánager, se está fraccionando entre un frente reaccionario, alistado ideológicamente con Mourinho, y otro, encarnado por futbolistas como Casillas o el propio Ramos, que son sospechosos por no adscribirse al alzamiento, por negarse a quemar las tierras.

Desde su llegada al club, pocos hombres se han mostrado tan subversivos a Mourinho como Ramos en la última época. El español cuenta con la admiración que provocan las personas honestas, que van de cara, que hacen de una causa justa su caballo de batalla. Frente al City, Ramos fue una especie de mártir. Ejecutado por expresar una opinión refractaria a su jefe, quien siempre se ha mostrado obsesionado con acuñar sin fisuras una filosofía comunicacional despótica que conoce como ‘el pensamiento único’.

En plena crisis de valores en torno al madridismo, Ramos es un ejemplo de integridad. Un profesional con mayúsculas, que apoyado en una mentalidad granítica, y en valores inherentes a la gente de bien, como la lealtad y la familia, se ha sobrepuesto a cada zancadilla que le ha puesto este mundillo. “En el fútbol puede parecer que no hay momentos difíciles, pero los hay”, recordó emocionado durante la presentación de su biografía. Además de todo eso, Ramos es valentía. Quizás la valentía de los locos, inconscientes del peligro que corren, o puede que la valentía que sólo acompaña a los que ponen el corazón por delante en todo aquello que hacen en la vida.

Sólo así se explica su impronta, que se resume en dos acciones separadas por apenas dos meses. Dos penaltis que ilustran una filosofía vital. Tras su error en la tanda de penaltis ante el Bayern, que vino precedido de otros de Ronaldo y Kaká, que le convirtió en motivo de mofa nacional, el central se desquitó frente a Portugal, en la Euro 2012, con una ejecución a lo Panenka para el recuerdo que acercó al cielo a España.

“Presidente, te quiero agradecer tu apuesta aquí en persona”, reconoció el central. “Espero que siga aquí mucho tiempo, y yo estaré a su lado”, expresó mostrando una simbiosis sobrecogedora con Florentino Pérez. Por los valores, el respeto al escudo y la lealtad, Ramos es el hombre del presidente. El hombre bueno del presidente.

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