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Real Madrid deja más dudas que certezas en Valladolid

Victoria sufrida de los blancos, donde destacó sobremanera un Ozil esta vez sí estelar. El equipo sigue adoleciendo de fútbol y regularidad. Mourinho hizo unos cambios caóticos

Ozil tira de chistera para rescatar al Real Madrid. Lo que todos los madridistas querían escuchar desde hace tiempo, incluido también el actual cuerpo técnico merengue. El alemán andaba dormitando esta temporada, alternando partidos buenos con otros malos y algunos otros peores aún. Y apareció en el momento justo, cuando más le necesitaba su equipo, en un encuentro que estaba abocado a atragantarse. Primero, con una gran jugada individual que acabó en gol al borde del descanso, y luego con ese golazo de falta a veinte minutos del final. Acciones tan propias de un jugador de su calidad como añoradas en el presente curso. Se nota cuando el germano está en forma, pero casi se nota mucho más cuando no lo está.

Hace bien el Real Madrid en alternar los lanzadores de faltas, hablando del propio Ozil. Es la segunda falta que emboca el germano, después de aquella ante el Borussia Dortmund, pero en Zorrilla también lo intentó Xabi Alonso colgando el balón y obviando así el lanzamiento directo. Cristiano Ronaldo es un lanzador sublime de faltas, pero los hay también muy buenos en la plantilla merengue, y dos puntos juegan en favor de la alternancia. Primero, que la efectividad del ‘7’ blanco es preocupantemente ínfima. Y también, que así el equipo es más imprevisible para las defensas y porteros rivales. Y de momento, nadie puede negar las ventajas.

Lo que tampoco nadie podrá negar es la nula eficacia del Real Madrid en la defensa de las jugadas a balón parado. Tras el segundo gol de Manucho me llamó un amigo, madridista acérrimo de toda la vida sin discusión, para hablarme de ‘defensa de verbena’ y de ‘vergüenza’, y la verdad es que no tiene réplica posible. Sólo los Manchester City, Borussia Dortmund y Barcelona además del Getafe habían logrado marcar dos goles al Real Madrid, y a Manucho le bastaron 190 centímetros y veinte minutos para firmar su particular doblete. Un equipo construido para luchar por todo no puede ser tan vulnerable en una de las suertes más primitivas del fútbol.

Viene siendo su punto negro desde hace tiempo, pero no por ello es más aceptable. Al contrario, cada fallo es todavía más reprobable que el anterior. Por la experiencia que deben tener, por la tranquilidad en la preparación que se supone que le da entrenar permanentemente a puerta cerrada, porque cada vez los puntos son más importantes. Y de igual manera, por los mismos condicionantes, la falta de fútbol en este Real Madrid es cada vez más preocupante.

Ozil rescató al equipo blanco en el José Zorrilla, dándole los tres puntos, pero el partido iba camino de atragantársele como ya sucediera ante el Getafe, Betis o Sevilla. Los pupilos de Mourinho no encuentran las vías, no andan todo lo certeros que deberían, no empujan todos al unísono como antaño, ni con tanto ímpetu, no arrollan a sus rivales, dejándose al amparo del innegable talento de sus jugadores. Esta vez apareció el ‘10’, junto a un resbalón de Valiente que aprovecharían Callejón y Benzema, pero los días que no ha aparecido nadie, el tropiezo se hizo inevitable.

Es por ello que, globalmente, el partido en Zorrilla deja más dudas que certezas en el Real Madrid. Y parte de culpa de esas sensaciones encontradas la tienen los cambios de José Mourinho. Como ya sucediera en partidos anteriores, el técnico revolucionó el equipo cuando se vio por detrás en el marcador, con la soga al cuello. Y revolucionar es revolucionar, literalmente: poner a Callejón de lateral izquierdo, a Xabi Alonso de central, y utilizar cuatro defensas distintas en un mismo partido, por ser más concretos. Y es cierto que el Real Madrid estuvo mejor en la segunda parte que en la primera, pero más por ímpetu que propiamente por fútbol. Más allá de que deja sensación de incertidumbre y falta de recursos que un equipo con la plantilla que tiene el merengue tenga que entregarse al caos para encontrarse en el partido. Salió bien esta vez, pero es difícil calificar exactamente la influencia directa de los cambios en el favorable resultado final, cuando seguro que si Ozil no hubiera marcado el gol, el análisis posterior hubiera determinado seguro que desordenaron más que ordenaron.

Afortunadamente para el Real Madrid, no ha lugar para ese debate El resultado es el que condiciona el análisis, y desde ese punto no se puede discutir nada. Menos cuando es lo mejor que pudo sacar el equipo blanco. La Liga sigue viva. O al menos, igual de viva que lo estaba antes de esta jornada. Ahora es el Barcelona el que se debe ver las caras con el Betis y con el Atlético antes de que acabe el año.

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