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Los rojiblancos, un equipo desenchufado y sin ambición contrario a lo que quiere Simeone, se volvieron de Pilsen con el sabor amargo del segundo puesto

La resaca que dejó la derrota en el derbi, unida al tremendo frío checo, dejó helado a un Atlético de Madrid que dio, sobre todo en la primera mitad, una de las peores imágenes que se recuerdan en los últimos tiempos y que además les condenó a la segunda plaza del grupo.

Faltos de actitud, como reprochó Simeone a sus jugadores en rueda de prensa, los rojiblancos fueron durante los primeros cuarenta y cinco minutos un juguete en manos del Viktoria Plzen, si bien los checos no aprovecharon sus ocasiones para conseguir un resultado más holgado. ¿Acaso no era suficiente motivación la propina de 400.000 euros que da la UEFA a los primeros de grupo?

Con la temperatura bajo cero en el Doosan Arena, una de las claves del partido, los locales se sintieron más cómodos y supieron restar el frío con la intensidad suficiente que les permitiera dominar el balón y acercarse a las inmediaciones de Sergio Asenjo. Todo lo contrario que los atléticos. Ninguno pareció enchufado y las baja temperatura parecía haber hecho mella en su corriente sanguínea.

Emre y Raúl García, encargados de crear el fútbol entre los madrileños, apenas aparecieron y contagiaron la desgana a sus compañeros, de entre los cuales sólo se podría destacar al lateral Javi Manquillo, canterano en el que están puestas muchas expectativas. El joven tuvo un par de buenas acciones por banda.

Únicamente tras el gol de Prochazka a los veinticinco minutos espabiló algo el Atlético de Madrid, y tanto Adrián como Diego Costa intentaron igualar el marcador. Pero no hubo éxito. Y eso que se fabricaron dos ocasiones claras merced a su movilidad, pero el gol se le iba a resistir a los hombres de Simeone durante toda la noche.

Empezaba a pasar factura en lo psicológico y el entrenador argentino tuvo que cambiar algunos aspectos tras el descanso. No le gustaba lo que veía y dio entrada a Koke, que alegró el juego atlético y hasta pudo empatar con uno remate que se fue alto por muy poco. También Diego Costa estuvo a punto de igualar el partido, otra vez más, en un mano a mano con el meta Kozacik, pero no era su partido.

Tanto es así que la falta de gol y el exceso de ansiedad del brasileño le jugaría una mala pasada, y no es la primera vez. Pasado de revoluciones, Costa propinó un cabezazo a uno de los defensores checos y se borró del encuentro. De este y de los próximos tres o cuatro, pues la UEFA no escatima en sanciones ejemplares. Tarjeta roja clara que al ser en el minuto 90, no influyó mucho en el resultado final.

Quizás, con la ausencia de Diego Costa se le acaben las excusas al 'Cholo' para no alinear a Falcao en la competición europea, delantero que a buen seguro daría otro aire al conjunto. De cualquier forma, ya toca mirar la siguiente fase y, aunque hasta el 20 de diciembre no se conocerán, esperar que los rivales no sean los poderosos Chelsea, Liverpool o Inter de Milán que entrarán en el bombo.

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