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El central luso volvió a ser titular ante el Ajax, cuajando un partido muy discreto. Su renovación, un fiasco. El corresponsal del Real Madrid Alberto Piñero lo analiza

El Real Madrid ganó este martes al Ajax en la última jornada de la fase de grupos de la Champions League, en un partido con poca historia, sin nada en juego, pero que al menos sí que sirvió para que algunos de los jugadores menos habituales dieran un paso hacia adelante en el equipo merengue. Es el caso de los Nacho Fernández, Luka Modric, José Callejón, o incluso Ricardo Kaká, aunque sea únicamente por el golazo que marcó. Pero no así por Ricardo Carvalho. Y no porque no jugara, ni porque no sea de los menos habituales, sino porque no fue de los que dio motivo alguno para pensar que podría tener más minutos de los que está teniendo en la actualidad.

Se le ve lento, desconcentrado, y en muchas ocasiones fuera de sitio. Aportando poca seguridad en un puesto que precisamente se basa en ello. Y el caso es que la primera temporada del central de Amarante en el Real Madrid fue realmente sensacional. Esperanzadora, si cabe. Tanto por su aptitud sobre el campo, como por su actitud. Pero dos años y medio después de su llegada, parece que al menos en el plano estrictamente deportivo, Carvalho no está ya para empresas tan grandes como las del equipo blanco.

Y en el caso concreto del central portugués, la situación es especialmente particular. Por no decir evitable, directamente. Pues ya la temporada pasada apenas jugó después de una serie de lesiones que se reprodujeron después de que abandonara la selección portuguesa por sorpresa. Sin embargo, aun con su edad, un sueldo que podría ascender hasta los tres millones de euros según informes de cuando dejó el Chelsea, y el resto de condicionantes, el Real Madrid le renovó su contrato hasta junio de 2013, un año más. Esta temporada, por ser más concretos. Algo que anunció el propio José Mourinho en una rueda de prensa por sorpresa, cuentan que incluso para los directivos, que no sabían nada de sus intenciones.

Así las cosas, con contrato en vigor, este verano se le trató de encontrar una salida que nunca llegó a materializarse. Ni siquiera la ausencia en la pretemporada y los continuos mensajes que le dirigía el propio Mourinho en rueda de prensa, que fueron recrudeciéndose conforme se acercaba el 31 de agosto, sirvieron de acicate para que Carvalho abandonara el club. De forma que ahora se encuentra en la disciplina merengue, en un rol totalmente insignificante para el equipo dentro del césped, habiendo jugado partidos menores como ante el Alcoyano y ante el Ajax con la clasificación ya sellada. Y ni aun así, llegando al nivel medio del resto del equipo, como se pudo ver este mismo martes.

Una pena. Por el propio Carvalho, uno de los mejores centrales en Europa de la pasada década, que dilapida así la buena imagen que brindó al madridismo en su primera temporada y que se ve relegado a jugar muy pocos minutos. Pero también por el Real Madrid, que este año tiene ya a cuatro centrales -sin ni siquiera contar a Nacho Fernández-, y tiene que mantener la nómina de un quinto central sin que realmente aporte mucho al equipo sobre el campo, y sin posibilidad alguna de proyección o de negocio a sus 34 años. Es de suponer que Mourinho le está dando estos pocos partidos por intentar recuperarlo para la causa, ya que le tiene en plantilla. Aunque tampoco será casualidad el hecho de que nunca ha ocultado la magnífica relación que le une a Carvalho, más allá de que comparten representante.

Sea como fuere, y a tenor de los tres partidos de este curso, desgraciadamente parece que hay poco más que rascar ahí. Los ocho millones que se pagaron por él en 2010 no se pueden exprimir más. Y el mercado invernal de fichajes en ciernes se presenta así como una magnífica oportunidad para que el Real Madrid pueda enmendar esa mala decisión de renovarle, fruto tanto del que la promoviera como del que la acabara aceptando. Pues seguir con este teatrillo hasta el final de la temporada no parece que vaya a beneficiar a ninguna de las partes.

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