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El público que acudió al coliseo blanco acabó pitando ruidosamente a José Mourinho, y no es la primera vez. El corresponsal del Real Madrid, Alberto Piñero, lo analiza

Corría aproximadamente el minuto 70 en el Santiago Bernabéu, en el partido entre el Real Madrid y el Alcoyano. Los blancos ganaban ya 1-0 (5-1 en el global), y nada hacía temer por la clasificación. Fue entonces cuando desde el fondo sur del coliseo merengue empezaron a corear el nombre de José Mourinho. Al inicio del encuentro, el público del Bernabéu había recibido al equipo blanco con aplausos, como siempre, como si los tropiezos en el Etihad Stadium y el Benito Villamarín no hubieran existido. Pero al escucharse los cánticos jaleando al técnico de Setúbal fue cuando el coliseo merengue se pronunció, pitando dichos cánticos.

Y no una vez ni dos. Pues desde el fondo sur se insistió cinco o seis veces con los coros, y las mismas cinco o seis veces buena parte del Bernabéu respondió con pitos. Quizás no fuera la mayoría, pero los suficientes para eclipsar los cánticos a Mourinho, que por otra parte tampoco llegaron de una mayoría del respetable. Sea como fuere, las señales fueron inequívocas, y la división, más que palpable.

No es la primera vez que se escuchan estos mismos pitos cuando se corea a José Mourinho. De hecho, en casi todos los partidos se suele jalear al técnico de Setúbal, y siempre se escuchan pitos en consecuencia. Pocos, pero se escuchan. Ahora, coincide que las dos veces en las que estos pitos han sido más destacados ha sido justo cuando peores resultados obtenía el equipo. Ante el Athletic en Liga la temporada pasada después de perder en Copa ante el Barcelona, y ahora ante el Alcoyano después de quedar a once puntos de los blaugrana en la clasificación.

Es una realidad que, aunque José Mourinho ha calado muy hondo con buena parte del madridismo, hay otra buena parte con la que no ha terminado de conectar. Así lo ha demostrado el propio público que acude al Bernabéu, y así lo han demostrado los socios compromisarios que han participado de las dos últimas asambleas en el Real Madrid. A esa parte del madridismo le gusta ganar, le encanta sumar títulos, le emociona ir a Cibeles, y disfruta si se puede mirar al resto de rivales por encima del hombro, pero no a cualquier precio.

Tienen una concepción del club merengue más clásica, más señorial, más respetuosa, así es como han conocido al Real Madrid, así han celebrado también títulos en Cibeles, y no comulgan por tanto con la forma de actuar de José Mourinho. No dudan de su profesionalidad ni de su productividad, la alaban incluso, pero no creen que para llegar a ello necesite rodearse de tanta polémica, de tantos ataques a todos los agentes que le rodean, sean de dentro o de fuera del propio club. Así se lo han dicho los propios socios compromisarios a Florentino Pérez a la cara y en público. Y es por ello mismo que no es casualidad que esos pitos se reproduzcan cuando el equipo no da la cara sobre el césped. Las ‘mourinhadas’ no gustan, pero si además no llegan correspondidas con resultados, son inaceptables.

Ahora el que tiene que mover ficha para reconciliar al madridismo es Florentino Pérez. De momento, nadie ha pedido la cabeza de Mourinho. De momento. Sin descartar tampoco que sea el propio Mourinho el que acabe pidiéndola a final de temporada después del tono en sus últimas comparecencias. Pero lo que parece claro es que a este ritmo, con estos resultados y con semejante volumen de polémicas y ataques continuados de boca del entrenador, las consecuencias nunca podrán ser positivas para el Real Madrid. En un primer momento el presidente consintió esa actitud, a la espera de unos resultados que acabaron por dar la razón coyuntural a su apuesta. Pero ahora, sin resultados a los que aferrarse, los lodos aparecen de aquellos barros, y es ya imposible salir sin mancharse las botas.

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