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Durante la última década, el Atlético ha sido incapaz de competir de tú a tú con el Real Madrid. Ahora, los de Mou sí ven a los colchoneros como un rival peligroso

EDITORIAL

Real Madrid y Atlético se preparan para disputar uno de los grandes partidos de la temporada en el estadio Santiago Bernabéu este sábado, 235 días después de verse las caras por última vez. En aquella ocasión, los hombres de José Mourinho tomaron por la fuerza el Vicente Calderón con un contundente 1-4.

Y es que hablar de derbi tiene connotaciones muy diferentes según los colores de cada hinchada, especialmente durante la última década. En clave merengue, es el equivalente al cuento de hadas de toda la vida, en el que siempre hay un final feliz. En cambio, si la perspectiva es colchonera, el encuentro bien podría definirse como la crónica de una muerte anunciada, que diría el gran García Márquez.

Sin embargo, los gritos en el Bernabéu que se escucharon en el partido de Copa del Rey ante el Alcoyano en contra del eterno rival denotan que este año se espera una batalla mucho más reñida. El Atlético llega mejor que nunca, a ocho de distancia, y una victoria sería un golpe de efecto sin precedentes.

En el bando indio, se contiene la respiración. Esta vez ni hay euforia ni tampoco hay un sentimiento derrotista. La palabra es tensión ante la posibilidad de hacer algo grande después de más de 13 años haciendo apología de 'pupas'.

Y es que, desde aquel mítico hat-trick de Hasselbaink en el Bernabéu, al Atlético lo han ridicularizado de todas las formas posibles: con goleadas de escándalo, con derrotas en el último minuto e incluso con alguna polémica arbitral. El Real Madrid ha sido un adversario sin compasión y demoledor que ofrecía una sensación de superioridad insultante.

Por fin, después de años de una rivalidad radicalmente desigual, los rojiblancos están muy cerca o prácticamente se han puesto a la altura. Si en un lado está Mourinho, enfrente se sentará Simeone. Si Cristiano Ronaldo marca goles, Falcao también tendrá su oportunidad.

En definitiva, una constelación de estrellas para que vuelva a haber espectáculo. Porque, más de una década después, el derbi vuelve a ser un derbi.

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