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El formato del torneo del KO deja KO, en primer lugar, al espectador. Sirve para que Carvalho & Cía. se sientan profesionales por un ratito. Y además nos impide ver a Messi

OPINIÓN | COPA DEL REY

El partido más atractivo de este martes en España, según el mundo, era el del Real Madrid. Solamente por ser el del Real Madrid. Pero a la eliminatoria no le importaba nada. Estaba resuelta. A mí tampoco me hizo falta verlo para saber que la Copa del Rey es un fracaso. Un dolor de ojos para el aficionado medio. Al menos para mis ojos.

Hace poco admití quedarme dormido viendo el cruce de ida, ese en el que Kaká asomaba para luego no aparecer. Y dije también que la competición española había sido ‘humillada’ por la Capital One. Es que la insulsa goleada blanca ante el Alcoyano coincidía con el partidazo que ofrecían Manchester United y Chelsea en la competencia británica.

No voy a claudicar en mi reclamo. El formato del torneo del KO deja KO, en primer lugar, al espectador. Después ya sabemos quién cae a la lona. Tras el alcorconazo, los grandes no tumban. Cae el pequeño. Porque ningún gigante quiere correr ese riesgo. Ese que, según algún entrenador, condena a Pellegrini a dirigir al Málaga.

Y casualmente pienso en Mourinho. El más que nunca cuestionado manager merengue jamás cometería ese pecado. ¿Se imaginan al Único regalando una eliminatoria y teniéndose que ir a dirigir al Zaragoza, por ejemplo? Sería curioso ver a The Special One revolucionando La Romareda, pero todavía ni siquiera lo soñé.

Tan fácil estaba la historia para los capitalinos que se pudo observar a Carvalho. Y vimos caras más jóvenes que la del central portugués, aunque menos habituales. Así, Morata, Nacho, Cheryshev, Jesé y compañía se sintieron futbolistas profesionales por un ratito. En tanto que Albiol recibió otro enorme espaldarazo del técnico siendo también titular con el Alcoyano, ante la atentísima mirada de un Santiago Bernabéu colmado... de desinterés. Un Albiol que, desafortunado, se retiró lesionado prematuramente.

La Copa es horrible y está escrito: un sistema de ida y vuelta que borra al más humilde desde que conoce el rival que le tocó. Y es tan insignificante que nos impide ver a Messi. Parece repetitivo que hoy, dos semanas después de la ida, vuelva a hablar de lo mismo. En realidad no parece: lo es. Aquí soy repetitivo. Lo diré hasta que la Copa del Rey cambie. O desaparezca.

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