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El seleccionador español, que no lo votó para el mejor entrenador, es la constatación de que se puede ganar todo en el Real Madrid sin ser pendenciero y barriobajero

OPINIÓN

La fragmentación que está provocando José Mourinho dentro del madridismo amenaza con convertirse en una fractura social irreparable en el medio plazo. Amparado en el dogma del catecismo del mánager, aflora el Madrid más cainita, receloso de aquellos blancos que no defienden a la institución con carácter reaccionario, barriobajero y vociferante. En esas anda Vicente del Bosque, quien con su no-voto a Mourinho despertó los instintos ruines de un madridismo abducido, fronterizo con lo patético. El enaltecimiento del Guardiolismo, en el fondo y en la forma, es una afrenta para el núcleo duro de la trinchera.

Para esa facción, Del Bosque representa una realidad incómoda. El técnico español es la constatación de que se puede ganar todo sin meter dedos en el ojo, sin lloriquear conspiraciones, sin esperar a árbitros en el parking, sin menospreciar constantemente al eterno rival. Ajenos a la caballerosidad, mordaces con la palabra señorío y en una intifada constante contra prensa e instituciones, la tarjeta de servicios de Del Bosque, abrillantada por dos Champions Leagues y su carácter asceta, es un callo muy duro para los que ahora encumbran no ser goleados por equipos de Segunda B y no caer en octavos en Europa. Escrutan a Mourinho bajo el rasero de Pellegrini, Juande o Schuster, temporeros del club. La comparación con Del Bosque, en títulos y formas, es odiosa, ridícula.

A ojos de esta barra brava tuitera, Del Bosque es un vestigio del pasado, la reminiscencia de un madridismo que hay que erradicar. El seleccionador es el primero de una amalgama de personajes de capital importancia en la historia reciente del club que corren el riesgo de ser deflagrados por los peregrinos de Mourinho, adscritos irremisiblemente a una cruzada contra el mundo que no se sabe muy bien a qué viene y menos dónde va a terminar. También anda Casillas entre los sospechosos, hasta ahí hemos llegado.

Del Bosque es la antítesis de Mourinho. Mientras que el seleccionador, cuyo palmarés en nada envidia al portugués, no lo olviden, es integrador y conciliador, Mourinho es una figura diletante y separatista, promiscuo del ‘conmigo o contra mí’. Desde Valdano a Del Bosque, todo el que no acuña punto por punto su discurso pendenciero es sospechoso a ojos del mánager, que siempre se encarga de arrinconar a “pseudo-madridistas” o “madridistas disfrazados”.

“Nadie me va a decir lo que significa madridismo porque lo sé muy bien”, recordó ayer Del Bosque cuando explicó por qué había obviado al mánager del Real Madrid y había elegido a dos futbolistas del Barcelona para el Balón de Oro. Debe ser chirriante para un hombre de club como él, con cuarenta años de abnegado servicio, que un portugués que siempre que puede recuerda que su futuro está en Inglaterra venga dando lecciones de lo que significa el Madrid. Aunque su estela de títulos en el club fuera deslumbrante, que no lo es ni de lejos, hubo un tiempo no tan lejano en el que el Madrid ganaba más, mucho más, y no al coste social de ahora. “Elijo tanto por méritos deportivos como por comportamiento”, lanzó Del Bosque.

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