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El Arsenal-Tottenham llega en un momento crucial para el club 'Gunner'

Justo cuando el Arsenal entra en una de sus ya habituales minicrisis tiene la suerte de encontrarse con uno de esos partidos que, ganándolo, puede hacer olvidar un poco su pasado reciente, aunque seguirá siendo el éxtasis temporal del cual viven el club y sus hinchas desde hace varios años, un mero engaño a sí mismos.

Pero si por alguna casualidad llega a ser lo contrario, cabría preguntarnos si será una de las últimas gotas que esta copa no dejará derramar. Si el Tottenham acaba raspando siquiera un empate el sábado en el Emirates estaría propinando un azote más a una maltrecha institución que todavía paga, con creces, el precio de su propio estadio.

Luego de once jornadas el Arsenal se encuentra a doce puntos del líder. Esto de por sí no dice nada porque sabemos que no acabarán ganando la liga, pero lo difícil que les resulta mantener el paso para acabar en puestos de Champions es lo que comienza a ser cada vez más preocupante.

Nadie los obliga a mantener un tope salarial de no más de cinco cifras por semana, pero nadie tiene culpa de ello. Quizás cuando entre en vigor la ley de saneamiento económico que exigirá la UEFA para participar en las competiciones europeas dentro de dos temporadas, es que veremos florecer otra vez al proyecto de Wenger. Mientras, le espera la misma y desoladora sequía, en una meseta sin picos, sin estrellas, manteniendo la ilusión año tras año y quedándose solo en eso, en ilusión.

Los últimos siete años han sido testigos de cómo el Arsenal ha perdido a todos sus cracks. Los dos veranos más recientes acabaron como ningún otro: Fábregas, Nasri, Clichy, Song y van Persie, todos pilares del conjunto.

Sin lugar a dudas, parte del legado de Wenger reside en haber movido el equipo a un nuevo y reluciente estadio, lujo que otros históricos de la Premier como el Liverpool, o modernos poderosos como el Chelsea, no han podido materializar. Todo gracias a los fichajes baratos, ventas caras y títulos de los primeros años, incluida la temporada invicta en 2004.

Las consecuencias eran esperadas: deudas que pagar, limitaciones económicas, salarios poco atractivos y ausencia de títulos en un lapso razonable. Pero parte del legado de Wenger y el éxito de su gestión residirá también en el tiempo en que el Arsenal demore en ser otra vez el conjunto ganador que era antes de la movida, si es que algún día lo volverá a ser.

Probablemente ningún otro entrenador hubiera podido mantener un equipo entre los primeros cuatro de Inglaterra con semejante tope salarial y en los años posteriores a un cambio de estadio. Ahora, ¿estaba dispuesto el Arsenal a sufrir esta sequía de títulos que no tiene cuando acabar si sabía que le iba a pasar cuando se movieran al nuevo estadio? ¿Es éste el pago que necesita el club, la gente y es esto con lo que esperaba recibir el Arsenal a su nuevo recinto?

Cualquier otro entrenador de un equipo grande hubiera sido echado tras unas pocas temporadas con la mitad de las penurias que ha sufrido el Arsenal desde 2005. Pero Wenger ha tenido la suerte de haber alternado los momentos críticos con otros de regocijo también momentáneo. Nunca ha existido una crisis profunda, como la actual del Liverpool.

RENDIMIENTO Y CONFLICTOS INTERNOS

Por si fuera poco, el último de sus cracks parece alejarse cada vez más de la entidad. El contrato de Theo Walcott se vence en junio próximo y de cierta manera puede estar condicionando su renovación bajo los términos de que quiere ser delantero centro, aunque el propio jugador debe tener bien claro que como extremo ha tenido una brillante carrera.

Pero es obvio que Wenger no comparte su deseo pues trajo a Podolski y a Giroud en el verano y parece no gustarle la manera en que el ex Southampton quiere asegurar tanto su continuidad contractual como en la cancha.

Visto lo visto parece bien difícil que Walcott no corra el mismo destino que sus demás compañeros que acabaron abatidos por las pocas cifras de su cheque semanal y el exceso de espacio en la vitrina del Arsenal. Si antes de año nuevo no se concreta la extensión de su contrato, a Wenger no le quedará más remedio que sacarle en enero algunos kilos a algún magnate urgido de un jugador de semejante nivel, aka Roman Abramovic. La cuestión será también si querrá pagar en invierno lo que puede venir gratis en junio.

En los dos últimos partidos el francés ha pasado a jugar con dos mediocampistas centrales y le ha ido funesto. Dos empates en casa ante Schalke y Fulham que significaron un mazazo a sus intenciones, si es que por su cabeza pasó ponderar un poco más la verticalidad en detrimento de su habitual filosofía.

El modelo no es el punto, ambos son válidos, lo importante es cómo se implementa su ejecución y cuán lógica sea su transición. De todas formas es difícil que Wenger se adapte a tener menos posesión y a dejar que equipos de menos talante le manejen los partidos.

El Arsenal y todo lo que su entorno engloba tiene que acostumbrarse a que son un equipo con buenos jugadores, pero sin los cracks del United, del City y del Chelsea y sin la consistencia necesaria para mantener el nivel de un aspirante al título. Su defensa, que presumía mejorarse con la salida del vetusto Pat Rice y la llegada de Steve Bould, se mantuvo firme en los primeros partidos, pero en los últimos ha flaqueado más que un ratón delante de un queso.

Carecen de un centrocampista a lo Song, pues por mucho que Arteta cubra la posición y él no ponga reparos en hacerlo, no es el reemplazante natural del camerunés. En el último día de agosto del año pasado se fichó de urgencia al guipuzcoano para suplir la marcha de Fábregas. Ahora el Barcelona le vuelve a robar otra pieza clave de su mediocampo y se han quedado sin reacción.

La raíz del problema es el método de gestión del club. Todo queda a si Stan Kroenke y la particular junta del Arsenal deciden mantener la austeridad económica y continuar camino a la mediocridad o rendirse a la única manera posible para capturar el éxito actualmente.

Arsene Wenger se carcome en el tiempo y le queda cada vez menos tiempo para escribir un final feliz a su paso por el Arsenal. Hoy aún perdura el idilio de su comienzo, pero ¿será acaso el precio del Emirates tan alto que acabe por tragarse su legado?

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