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Los jugadores de la Liga BBVA eligen a Guardiola en un ejemplo más que los premios individuales responden a los juicios personales de cada votante, y no a razones empíricas

Pep Guardiola fue nombrado mejor técnico de la temporada 2011-12 pese a no ganar la Liga BBVA y a que claudicó ante un rival voraz, que le ganó en una batalla encomiable y lo hizo a golpe de récord. Hay pocos argumentos para defender el galardón a Guardiola, cuyo equipo no resistió la comparación consigo mismo y además cedió ante un Real Madrid, que con un estilo completamente diferente, lo terminó sacando de punto y venciendo en su casa para echar el candado al campeonato. A José Mourinho no le ha servido virar la tendencia doméstica, ni batir el récord de puntos y de goles ni tomar el Camp Nou varios años después. Algo difícil de explicar con números, pero también con sensaciones, pues el Madrid, a lo suyo, fue espléndido el curso pasado.

El premio a Guardiola, quizás deba abrir un marco de debate sobre los galardones en el mundo del fútbol, tan proclamados durante meses y tan poco empíricos. La paradoja que irremisiblemente condena la elección de los ganadores de este premio, es la arbitrariedad de sus votantes. Hablar de criterios cuando se habla de entregar el Balón de Oro o el premio al mejor entrenador de la LFP es estúpido. Al final del día, cada persona individual, cada una hijo de su padre y de su madre, emite el voto en función de un enjuiciamiento personal, siempre estereotipado y sublimado a juicios de valor.

En este caso, los jugadores de la Liga BBA han elegido a Pep Guardiola por delante de José Mourinho, y lo han hecho por motivos personales que han desembocado en una injusticia difícil de comprender. En el momento que cada futbolista se haya sentado a emitir su voto, no habrá reparado en que el Madrid realizó una campaña descomunal, ni en que su técnico fue capaz de liderar, a su manera, una cabalgada que comenzó en el verano de 2010 y finalmente terminó por destronar al que muchos consideran el mejor equipo de la historia del fútbol. También, obviaron el hambre que el Madrid demostró en cada partido, su obstinación por conseguir el objetivo marcado y su personalidad para revertir la rémora psicológica que arrastraba ante el Barcelona. En muchos casos, si priorizaron a Guardiola sobre Mourinho es porque tienen una mejor imagen del técnico español que del portugués. Porque empatizan más con uno que con otro.

Cada vez más, los premios individuales en el fútbol son concursos de popularidad. ¿Necesita Messi de una campaña para ser designado Balón de Oro? ¿De verdad necesita que todos sus compañeros avalen su candidatura casi en cada comparencia pública después de cada verano? Seguramente, los medios de comunicación retroalimentamos con fiereza estos debates, que cada vez más traspasan lo deportivo. No es el caso de Messi, que si recibe su cuarto galardón de Oro consecutivo será justo y merecido.

No lo fue la elección de Pep Guardiola como mejor entrenador de la temporada pasada. Fue el último ejemplo que la designación de muchos premios individuales en el mundo del fútbol corresponden más al estudio de las ciencias sociales que a la matemática y al propio fútbol.

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