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El técnico del filial se encuentra en el ojo del huracán por sus diferencias con el entrenador del primer equipo y Mánager General del Club, José Mourinho

Me van a permitir una licencia: voy a jugar a ser adivino. Ya tengo el pañuelo en la cabeza, todos los sentidos puestos en mi bola de cristal e incienso quemando y aromatizando la sala desde la que escribo estas líneas por las que no dentro de mucho tiempo me volveré a pasar.

Preparado todo el ‘tinglado’, no queda otra que invocar al Dios Fútbol, el más caprichoso de todos cuantos conozco. Ya se nota, sí; ya está próxima a mí la figura de Alberto Toril, entrenador del Real Madrid Castilla, cuyo futuro comienzo a atisbar sin muchos problemas.

Pero antes de ese futuro, echemos un fugaz vistazo al pasado: el técnico cordobés llegó al Castilla en unas circunstancias no muy favorables en la temporada 2010/2011. Corría el mes de enero y restaban poco menos de seis meses para la finalización del curso futbolístico. El equipo del que se hizo cargo no atravesaba su mejor momento. El ansiado ascenso sonaba demasiado hipotético, pero Toril lideró a sus pupilos por una senda de 19 partidos sin conocer la derrota (15 victorias y 4 empates) que les condujo a la disputa de los playoffs, en los que cayeron ante el CD Alcoyano. A pesar del disgusto, el segundo equipo blanco había hecho más de lo que habría cabido imaginar allá por navidades. La temporada siguiente, tras una incontestable campaña, se volvió a la categoría de plata del fútbol español tras cinco duros
años deambulando con más pena que gloria por la 2ª B.

Números, señoras y señores. Incontestables, como asegura acertadamente José Mourinho haciendo alusión a los suyos. Pese a quien pese, que no son pocos, según parece. Alberto Toril, desde la humildad y la constancia diaria en los campos y despachos de Valdebebas, pasó a ser una realidad como entrenador de presente y, por qué no, de futuro. Tanto es así que el Real Madrid premió su trabajo con una más que merecida renovación que, su más ferviente crítico en las últimas fechas, Mourinho, aprobó.

Recapitulando: la prensa, los horarios, el arbitraje, la afición, Valdano, sus jugadores y, ahora, la cantera. Estos han sido algunos de los destinatarios de las iras y quejas del entrenador portugués en algo más de dos temporadas al frente del banquillo blanco. Ruido, ruido y más ruido. Y desgaste; mucho. Tanto en los rivales como en su propio equipo y, cada vez en mayor medida, entre la afición. Usar a Toril para atizar a la cantera, o viceversa, ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de ciertos sectores del madridismo.

Tal y como ya pasara con Jorge Valdano, Director Deportivo por aquel entonces de la entidad de  Chamartín, José Mourinho parece haber cogido su martillo pilón para, siguiendo una técnica de desgaste, ir debilitando la figura de Toril, al que viene poniendo en el disparadero en todas sus conferencias de prensa. A esto hay que sumarle el último feo para con la cantera, acaecido este lunes, día en el que tuvo lugar el acto de inauguración de la futura Ciudad Deportiva con grandes mejoras en las instalaciones principalmente destinadas a la cantera. El propio entrenador se ha justificado diciendo que es el director del primer equipo, no de la cantera, y que tenía que atender las necesidades de sus jugadores. Sin embargo, no le importó no ser el encargado de las categorías inferiores para criticar su organización y la calidad de sus jugadores actuales y de los últimos años. Sin embargo, este resulta más un problema que atañe al Presidente, Florentino Pérez, que debería despejar la ambigüedad que rodea a la incógnita sobre cuál es la parcela que cubre el cargo de Mourinho.

Así pues, no parece que quepan muchas dudas acerca del futuro de Alberto Toril. De hecho, informaciones salidas desde el propio club afirman que el cordobés tiene vetado el acceso y visionado de los  entrenamientos del primer equipo. Además, es evidente que Mourinho le tiene entre ceja y ceja. Atendiendo a todo ello e imperando ya la clarividencia en mi bola de cristal, me tomo una nueva licencia, que no es otra que la de parafrasear y adaptar el título del clásico de Gabriel García Márquez “Crónica de una muerte anunciada”, tal y como reza en el titular de este artículo, para afirmar que ‘el caso Toril’ está siendo la crónica de una destitución anunciada. A final de año, si no antes, se verá.

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