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El francés, recomendado por el exfutbolista, es ya el tercer central de la plantilla después de adelantar a Albiol y Carvalho, a quien Mourinho extendió el contrato unilateralmente

Independientemente del trabajo funcionarial que desempeñe en su andadura actual en el Real Madrid, la historia del club será generosa con el legado de Zinedine Zidane, un jugador irrepetible que dejó una volea para el recuerdo que certificó la todavía última Copa de Europa de la institución. En su trabajo de despacho, la productividad del francés se limita al fichaje de Raphael Varane, un central con una proyección descomunal, llamado a jugar una década en el club.

Desde que Florentino Pérez recuperara a Zidane en 2009 en calidad de asesor personal a la presidencia, nunca han quedado definidas nítidamente las funciones del exjugador. No mucho se sabe de sus aportaciones concretas al Real Madrid, más allá de que recomendó la contratación de Eden Hazard, ante lo que encontró la negativa del director general, que sí convino reclutar a Varane.

La contratación del joven defensor, apenas contrastado en el campeonato francés, fue interpretada como una mera concesión burocrática a la exigua capacidad de ejecución de Zidane. El transito del central en el Madrid, empieza a vislumbrar la presencia de un jugador exuberante en el despliegue físico, veloz, con un desplazamiento en largo superlativo y minimalista a la hora de incurrir en excesos. En poco más de un año en el conjunto blanco, Varane ha desplazado a Albiol y Carvalho, a quien el manager renovó unilateralmente el pasado otoño, y se ha situado como tercer central de la primera plantilla.

A ojos de José Mourinho, la presencia del exfutbolista en el organigrama del Real Madrid siempre ha resultado desconcertante. Para el portugués, la diáfana prescripción de las funciones del exfutbolista dentro del club, así como su estrecho vínculo con el presidente, levantaron pronto las suspicacias del manager. En el transcurso de su primera temporada al frente del Madrid, Mourinho convino acercar a Zidane a su círculo. Le asignó el rol de asesor deportivo de la primera plantilla, le invitó a acompañar los viajes del equipo en Europa y le concedió un poder fáctico que se tradujo, por ejemplo, en la contratación de Varane. A cambio, el manager le conminó a adjuntar su discurso, y convertirse en un ventrílocuo más de la política comunicacional del club como es Aitor Karanka.

La táctica de redefinir personalmente las tareas de Zidane, terminó por abrir una fractura entre el exjugador y el manager, que no encontró el apoyo que buscaba y resolvió degradar al francés y apartarlo de la primera plantilla. Mientras se afana en obtener el carnet de entrenador, Zidane ejerce una función de supervisión en la cantera, y es común verlo en Valdebebas observando a los conjuntos juveniles. Durante su efímera etapa con refuerzo para tomar decisiones de incidencia, Zidane lideró la contratación de Varane, un jugador con un presente sólido y un futuro abrumador. Mourinho, casi al mismo tiempo, extendió el contrato de Carvalho, con quien comparte representante, que a las claras ya ha disputado sus cien mejores partidos y se encuentra en el ocaso de su ciclo vital como futbolista.

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