thumbnail Hola,

La soporífera competición española quedó expuesta por el torneo inglés, donde no hay privilegios para los gigantes y se ven verdaderos partidazos

Miércoles, 22 horas 30 minutos. No puedo abrir los ojos. Me duermo. La televisión me quiere vender lo invendible: el Alcoyano–Real Madrid no me seduce en lo más mínimo. Tampoco me sedujo el Alavés-Barcelona del martes. No es culpa de los colosales españoles. La Copa del Rey es insufrible.

Ya es jueves. Confieso que mi trabajo no me permite dormir demasiado. Me despierto muy temprano y dedico mucho tiempo a lo que hago. Así y todo, el miércoles quise ganarle al insoportable deseo de dormir. Sabía que en Alcoy no vería gran cosa, pero me reté a mí mismo. ¿Cuánto podré aguantar?, me preguntaba. Llegar vivo al segundo tiempo era poco menos que una hazaña.

Sin embargo, lamentablemente, no soy hombre de grandes epopeyas. Creo que no alcancé a ver en directo el gol de Kaká. Según recuerdo, no estaba despierto para la resurrección, de la resurrección, de la resurrección del brasileño (el término usado por Llourinho –parodia del Único para Goal- es tan cómico como irreal). Ni el grito del comentarista pudo reanimarme.

No te duermas, Cristiano...
La estrella del Real Madrid no estuvo en Alcoy para el partido de ida. ¿Habrá aguantado los 90 minutos frente al televisor?

Insisto, no es culpa del Real Madrid. Si el juego de los capitalinos me aburre habitualmente, podrán imaginar cuánto más lo hace el once alternativo de Mourinho. Sin embargo, el formato de la Copa del Rey alimentó exponencialmente esa no-emoción de ver este encuentro por dieciseisavos de final. Un sistema de ida y vuelta que condena al más humilde desde que conoce el duro rival que le toca.

Lo que me sucede a mí se reflejará en el Bernabéu, en el Camp Nou y también en el Calderón. La soledad de los estadios de Primera para las revanchas evidenciará todavía más la nula expectativa en estas instancias del torneo. Sólo quienes serán humillados por los grandes se contentarán con haber visto de cerca a los cracks que juegan la Liga BBVA. Y a medias, porque aún no palparon la magia de Messi, no oyeron el grito de calma de Ronaldo, no sufrieron los goles de Falcao. Las estrellas se ausentaron en la ida.

La espantosa Copa del Rey fue humillada por la Capital One, un torneo en el que no hay privilegios para los gigantes. Allí la suerte cruzó prematuramente a Manchester United y Chelsea. Los de Ferguson y Di Matteo regalaron un espectáculo de nueve goles. Casi como el que habían ofrecido Arsenal y Reading una noche atrás. La épica remontada de los Gunners (de 0-4 a 7-5 en la prórroga) y, en menor medida, la de los Blues (4-5), exponen al torneo de Su Majestad el Rey.

España deberá rever la forma de jugar un campeonato que sólo tendrá emoción en el Clásico de semifinales. Siempre y cuando ninguno se duerma en el camino…

Sigue a NICOLÁS DE MARCO en 

Artículos relacionados