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El lateral del Atlético de Madrid se convirtió en el mejor amigo de Francia. Su grave error le puede costar caro a la selección española

OPINIÓN | QUILLO BARRIOS

"Alguien vendrá que bueno te hará", dice el refranero español. Extrapolado al fútbol, econtramos a dos protagonistas que bien podrían ser la imagen de dicha frase: Álvaro Arbeloa y Juanfran Torres.

El primero ha sido criticado descaradamente por un sector de prensa y afición, hasta el punto de pedir que fuera suplente en la selección, ya que, según ellos, no aporta nada. El segundo, aparecía, para muchos, como la solución a los supuestos problemas del equipo de Del Bosque en banda derecha.

El destino quiso que Juanfran tuviera minutos en el España-Francia debido a la lesión de Arbeloa, que se retiró del terreno de juego en el 49'. Más de media hora para llenar de argumentos a sus defensores y justificar las opiniones de los detractores del lateral del Real Madrid.

Entró al campo en un partido dominado por España. Los hombres de Deschamps habían mejorado, pero no terminaban de dar el salto necesario como para poner en aprietos a la defensa de Vicente Del Bosque. Sin embargo, todo cambió en unos instantes. La selección se olvidó del balón y empezó a sufrir. Cedió metros y perdió sus señas de identidad.

Juanfran no es culpable de eso, pero sí lo es de no saber leer las jugadas ni su propio rol dentro de un partido tan ajustado. Pensó que estaba en el escenario perfecto para convertirse en Cafú. Quiso tirar caños y ser protagonista en ataque, abandonando las tareas defensivas y buscando un minuto de gloria.

Ribéry y compañía vieron el agujero y decidieron atacar por la banda del zaguero colchonero. Demasiados metros libres y un desorden importante, ya que los centrales tuvieron que hacer las coberturas para evitar que el costado derecho se convirtiera en una autopista.

Lo único que salvaba a España era la falta de acierto de su rival. Los atacantes franceses ganaban con facilidad la línea de fondo, pero no encontraban el instinto asesino en el momento indicado.

Sin embargo, Juanfran, que se sentía un Superhéroe, decidió convertirse en el amigo perfecto del conjunto galo. Se hizo con el balón en el minuto 93, sabiendo que el pitido final estaba en su mano. Lo único que tenía que hacer era pegar un pelotazo y bajar el telón del encuentro. ¿Lo hizo? No. Prefirió tirar un autopase y ganarse así la admiración del público. Le salió mal y Giroud acabó marcando el 1-1, silenciando así a un Vicente Calderón que pasó de la alegría al silencio en un segundo.

Lo ocurrido a orillas del Manzanares no debe ser definido como un hecho aislado, sino como un toque de atención para todos aquellos que lanzan la crítica fácil y carente de argumentos. Arbeloa es un gran defensa porque sabe esconder sus defectos. Juanfran ni siquiera ha aprendido a aprovechar sus virtudes. "Alguien vendrá que bueno te hará".

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