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En un deporte en el que negocio y sentimientos se han soltado de la mano hace mucho tiempo, el míster colchonero se ha atrevido a contradecir a la lógica por amor a su club

EDITORIAL | LIGA BBVA

Decir que el fútbol se ha convertido en un negocio no es más que reflejar una evidencia que se ha magnificado en los últimos años a través de fenómenos como la globalización, la gestión de los derechos audiovisuales o la compraventa de jugadores.

El amor a un club ha quedado supeditado a las fichas astronómicas y la defensa de unos colores puede truncarse debido a la situación económica de un conjunto que se ve obligado a vender a sus referentes para mantenerse a salvo de la bancarrota, o al menos intentarlo.

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Y por eso, sorprende todavía más que en este fútbol profesionalizado en el que todo está calibrado, en el que los sentimientos han perdido vigencia y los intereses de las grandes compañías priman sobre los del aficionado, exista un tipo que haya decidido nadar a contracorriente.

Diego Simeone, el gran referente del nuevo Atlético que sueña con hacer algo grande en Liga, no solo ha batido todos los récords registrados en la ribera del Manzanares desde el doblete, sino que ha dado un paso que hasta ahora nadie se había atrevido a realizar en la historia reciente del conjunto rojiblanco.

"Nunca entrenaría al Real Madrid", aseguró el míster argentino dejando a todo el mundo del fútbol con la boca abierta.

Cinco palabras que revitalizaron la rivalidad histórica entre dos contendientes eternos y dieron todavía más fuerza a un proyecto con el que la grada del Vicente Calderón se siente totalmente identificada.

"Estaré loco, pero vivo del corazón, de lo que siento por el fútbol y al Madrid no lo entrenaría nunca", aseguró Simeone.

Y es que el 'cholismo' y el Atlético viven un romance de los que se ven en las películas. Romanticismo puro y duro para un fútbol que ha perdido su vertiente más sentimental y sincera.

Pese a que algunos ven en las palabras del argentino un gesto de cara a la galería, lo cierto es que por fin la afición tiene lo que buscaba desde hace años: un tipo comprometido, con garra y con argumentos que pretende recordar a todos los colchoneros que el Atleti ha sido y será un equipo grande.

Las comparaciones son odiosas si nos fijamos en casos como el de Pablo Ibáñez o el Kun Agüero, que coquetearon con "la vecina guapa" y acabaron marchándose a Inglaterra, aunque con suertes muy dispares.

La hinchada y el vestuario han encontrado por fin un líder. Un hombre capaz de decir que lo que quiere es entrenar el Atleti y punto. Sin más pretensión y sin querer aprovechar que este verano se convertirá en uno de los técnicos más codiciados.

Este año, con el Cholo, sí se puede.

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