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El partido podría no ser retransmitido por televisión

 Iago Lago
 Editorial | Selección
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La crisis económica que azota a España ha provocado situaciones muy desagradables, incómodas y, en algunos casos como éste, incluso ridículas, ya que el partido de clasificación para el próximo Mundial 2014 de la selección española de fútbol todavía no tiene asegurada su retransmisión por televisión, ya que ninguna cadena está dispuesta a comprar los derechos de difusión.

La empresa alemana -siniestra casualidad del destino- Sportfive tasó en un primer momento el precio de compra de los derechos audiovisuales del Bielorrusa-España que tendrá lugar en Minsk en 3 millones de euros pero, en vista a que ningún medio español estaba dispuesto a comprarlos a ese precio, llegó a rebajar la tasación a la mitad, descendiendo hasta 1'5 millones de euros que, por el momento, nadie se ha decidio a pagar tampoco.

La 1, televisión estatal y pública, retransmitirá el siguiente encuentro que la selección española jugará contra Francia, pero no está dispuesta a invertir más dinero en la compra de unos eventos deportivos que cuestan a las arcas del estado más de 40 millones de euros anuales.

Telecinco, canal que retransmitió finalmente el partido que España jugó contra Georgia y se encontraba en una situación similar, se desmarcó en un primer momento al señalar que en esta ocasión no acudirían al 'rescate' de este encuentro, aunque actualmente podría estar negociando también la compra de los derechos de este partido.

Por otro lado, el canal de televisión Antena 3, muy interesado en eventos deportivos, tampoco termina de decidirse a comprar este partido que, por el momento, continúa sin dueño y, de hecho, terminará sin ser retransmitido por TV si la situación no alcanza una solución a tiempo.

Si la crisis financiera y del sistema económico azota con dureza a los clubes de fútbol españoles, la ley de la oferta y la demanda, esencia más pura del capitalismo, puede terminar provocando que la selección española, por no ser rentable, no tenga eco en la televisión de su país en los partidos que no generen, de una forma u otra, beneficios a terceros.

Lejos quedan ya los tiempos en que la televisión pública garantizaba la retransmisión de todos los partidos de la Roja, al menos uno de Liga -aunque fuese a través de las cadenas autonómicas- y siempre uno de Champions League.

En una época en la que el dinero escasea para el pueblo, la cartera manda más que nunca con su diosa (in)justicia de ojos vendados, espada en mano y desequilibrada balanza dictando sentencia de lo que debe ser visto, oído e incluso dicho.

La selección española, denostada bicampeona de Europa y campeona del mundo, es aplastada en su propio país por un golpe de desprecio de la oferta y la demanda. ¿Dónde está limite? No hay, salvo que alguien lo ponga.

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