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El crack del Real Madrid firmó un buen partido ante el Deportivo, anotando tres goles y mostrándose participativo. El próximo domingo tendrá un duro examen en el Camp Nou

Cristiano Ronaldo empezó la temporada como un tiro. Conquistó la Supercopa de España exhibiendo un gran nivel. Marcó en el Camp Nou y en el Bernabéu. En Barcelona, con un cabezazo. En Madrid, con un fuerte remate tras romper a Piqué en un contragolpe. Decisivo.

Parecía que el portugués iba a dibujar su particular dictadura durante la temporada 2012/2013. Se encontraba en un gran estado de forma y le había vuelto a ganar un duelo individual a Leo Messi. Pese a todo, el fútbol huracanado de Cristiano Ronaldo se fue apagando con el paso de las semanas. Incluso su estado de ánimo parecía permutar de eufórico a taciturno. El madridismo añoraba la mejor versión de su crack. Y él también echaba de menos las sensaciones que lo ayudaron a llegar a lo más alto.

Marcaba goles y aportaba en ataque, pero lo hacía bajo una versión gris y melancólica. Llegaba a la red casi por inercia. Anotaba porque es uno de los mejores definidores del mundo y lo lleva en la sangre, no por una suma de virtudes y grandes dosis de fútbol.

El estado de alarma se encendió la misma noche en la que aseguró sentirse triste. El desequilibrio emocional podría afectar a su rendimiento. Y el Real Madrid, pese a no tener Cristianodependencia, temía que el bajón anímico de su gran estrella golpease de manera importante al colectivo.

CR7 desconectó con Portugal. Vistiendo la elástica de su selección recuperó la sonrisa. Se echó el equipo a la espalda en Luxemburgo para remontar un 1-0 en contra y dejó buenos detalles en la fácil goleada ante Azerbaiyán en el AXA Stadium. Viejas sensaciones.

En su regreso a España, la tensa calma presidía cada movimiento, cada gesto, cada mirada. Todos los ojos estaban puestos sobre él. Una presión asfixiante para un futbolista cuyo mayor delito era no sentirse feliz. No lo hizo nada bien en un Sánchez Pizjuán que vivió un nuevo tropiezo del Real Madrid. Las críticas pasaron de duras a feroces. El resultado, sea cual sea, y más en el club blanco, viene siempre acompañado de una exageración mediática, tanto para lo bueno como para lo malo.

Todo explotó en torno al equipo blanco. Salieron a la luz informaciones que hablaban de un vestuario roto, un Mourinho distante con sus propios jugadores y una crisis galopante. El Barcelona se distanciaba en la clasificación y el Real Madrid parecía coquetear con la depresión. Fue entonces cuando la Champions League actuó como anestésico.

El Manchester City visitaba el Bernabéu con la intención de alargar el mal momento merengue. Partido de altos vuelos. Escenario hecho a la medida de los grandes jugadores. Y Cristiano fue el héroe. Marcó el gol de la victoria en el minuto noventa, sellando así una remontada épica de un Real Madrid que volvió a enamorar.

El portugués celebró el tanto con rabia, soltando toda la adrenalina que llevaba dentro. José Mourinho, de rodillas en la banda, también festejó el 3-2. El éxtasis ambiental apartaba de un manotazo cualquier atisbo de bajón. El campeón de Liga y Supercopa regresaba a la normalidad.

Con la tempestad guardada en un cajón, llegaron los partidos ante Rayo Vallecano y Deportivo de La Coruña. En ambos, el Real Madrid ganó sin pisar el acelerador. Fue superior desde el orden y el buen juego, aunque sin grandes alardes. Cristiano Ronaldo marcó un gol en Vallecas y tres contra el conjunto gallego. Cuatro tantos en dos encuentros. Alcanza a Messi en la tabla de goleadores y deja claro que, poco a poco, su estado de forma recuerda al exhibido durante la pasada campaña.

Y en el horizonte, Amsterdan y Barcelona. El portugués parece haber completado una necesaria resurrección. Sin embargo, debe mejorar si quiere salir por la puerta grande en el Camp Nou. Un buen nivel no bastará para ganar al eterno rival y superar en el aspecto individual a Leo Messi. Hay que pasar del aprobado al sobresaliente. ¿Es posible en tan poco tiempo? Para la mayoría de futbolistas, no. Para Cristiano Ronaldo, sí.

Las cuerdas psicológicas que atenazaban al ex del United cada vez que se medía al Barça fueron desatadas hace tiempo. Él mismo se encargó de ello. Los que antes se burlaban, ahora temen. Y es que, Cristiano ya ha demostrado que es capaz de dejar heladas a 95.000 personas cuando nadie lo espera. Lo único que necesita es sentirse el mejor y saber que en sus botas reside gran parte de la estabilidad deportiva del actual Real Madrid. Llega la hora de la verdad. La hora de los cracks. La hora de CR7. Seguir haciendo historia o no, depende única y exclusivamente de él.

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