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"Algunos no se han dado cuenta de que Franco ha muerto", lanzó el técnico del Real Valladolid tras ser expulsado en el Vicente Calderón

Muñiz Fernández perjudicó al Real Valladolid el pasado domingo. Con un arbitraje casero y sibilino, el colegiado belga colaboró en la victoria del Atlético de Madrid. Pitó un penalti inexistente que supuso el 2-0, perdonó otro clarísimo de Filipe Luis sobre Lolo con 2-1 en el marcador y echó a Miroslav Djukic por protestar.

En el acta arbitral posterior al encuentro, podíamos leer la siguiente explicación sobre la expulsión del técnico serbio: "Fue amonestado por el siguiente motivo: protestar airadamente levantando los brazos, una decisión mía, habiendo sido previamente advertido por el cuarto árbitro".

Minutos después, ya en sala de prensa, Djukic, pese a estar más frío y poder ver todo desde otra perspectiva, decidió pasar al ataque y criticar al estamento arbitral en general, y a Muñiz Fernández en particular.

"No sé por qué me han expulsado. Estoy deseando ver el acta. Seguro que me van a sancionar y no sé por qué. Sólo estaba hablando con el cuarto árbitro. Transmitiéndole educadamente mis quejas, pero parece que no se puede ni hablar. Parece que algunos no se han dado cuenta de que Franco ha muerto", lanzó el entrenador del Real Valladolid.

Puede que las formas no sean las más adecuadas, pero sí el fondo. Djukic mezcla ironía e historia para ilustrar lo que muchos piensan y casi ninguno dice. Hace tiempo, los árbitros pasaron de ser jueces futbolísticos a convertirse en dictadores. No puedes hablar con ellos. No puedes discutirles ninguna acción. Incluso una mirada te costará caro. La libertad de expresión se ha quedado fuera de los estadios. Obligatoriamente. Desgraciadamente.

A Djukic lo expulsaron, como a tantos otros, por protestar. Ni siquiera insultó. Simplemente se quejó. Y lo hizo con razón. Muñiz Fernández había perdido el rumbo del partido, perjudicando claramente al Real Valladolid y echando por tierra la ilusión de un recién ascendido que soñaba con firmar una machada en el Vicente Calderón.

El problema no es la expulsión. El fallo viene en los días posteriores. El estamento arbitral debe ver los vídeos y rectificar. Muñiz Fernández se equivoca a favor del Atlético de Madrid, Djukic se queja y es expulsado. Acción-Reacción. Si se comprueba que el técnico serbio, desde el respeto, lleva razón, habría que quitarle la sanción.

Más allá de eso, que no deja de ser un sueño imposible, lo que queda es la imagen de unos árbitros demasiado lejanos. Si siguen distanciándose de jugadores y entrenadores, se distanciarán también del fútbol. No pedimos que aguanten los insultos o un aluvión de protestas. Lo que sí deberían hacer es apoyar el diálogo. Por su bien. Por el nuestro. Por el de todos.

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