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El esquema táctico presentado por dos de los grandes de Europa dejó mucho que desear

 Kilian Caballero
 Editorial | Champions
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Real Madrid y Manchester City se enfrentaron ayer en lo que prometía ser un espectáculo futbolístico. Y lo fue, aunque sólo a medias. Utilizando el símil de la canción... La culpa fue del Trivote.

Dos de los mejores equipos del mundo se veían la caras en lo que pretendía ser una fiesta del fútbol, y que sólo lo fue cuando ambos decidieron romper el embudo antifútbol creado en el centro del campo. Nadie se sorprende a día de hoy de Roberto Mancini. Sus orígenes italianos salen siempre a relucir en partidos importantes y ayer alineó a Javi García, Gareth Barry y Touré Yaya en el tapón de la medular. Si bien el marfileño actuó más como mediapunta, el planteamiento era claro, taponar el juego en la medular.

Por su parte, Jose Mourinho sorprendió a todo el mundo con su once. Dejando de lado la polémica suplencia de Sergio Ramos, el luso respondió a Mancini con Xabi Alonso, Michael Essien y Sami Khedira. Sin duda, Luka Modric y Mesut Ózil cruzaron alguna mirada de incredulidad, uno al lado del otro en el banquillo.


Si bien ambos equipos lograron con más o menos acierto su objetivo, cuando el trivote desapareció, apareció el fútbol. Siempre se habla del tópico "atractivo para el espectador pero no para los entrenadores". Pero esto es la Champions League señores. Los mejores equipos del continente se ven las caras en partidos de ensueño y la imagen del fútbol queda dañada con planteamientos como el de ayer.

No es un ejercicio de crítica y se entiende que un entrenador debe preparar cada partido a consciencia y pensando en el rival y las posibilidades, pero cuesta creer que dos de las mayores potencias futbolísticas del mundo actualmente tengan que tirar de ese recurso.

También es cierto que todos esperaríamos ver a Ozil y Modric juntos o a Aguero, Tévez y Balotelli, pero tampoco de eso se trata. El equilibrio es fundamental, pero sabiendo el potencial de algunos equipos, tanto prensa como aficionados tienen el derecho, que no el deber, de exigir algo más a sus equipos en días tan importantes como el de ayer.



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