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El meta merengue recibirá este 2012 el Premio Príncipe de Asturias, en reconocimiento a una carrera plagada de éxitos. El corresponsal del Real Madrid Alberto Piñero la analiza

 Alberto Piñero
 Editorial | Real Madrid
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Este miércoles se conoció que la candidatura conjunta que formaban Iker Casillas y Xavi Hernández sería premiada con el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2012. Un galardón constituido para reconocer “a la persona, institución, grupo de personas o de instituciones que, además de la ejemplaridad de su trayectoria, haya contribuido con su esfuerzo, de manera extraordinaria, al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión del deporte” según dictan las propias bases.

Es por ello que en la elección, más allá de los currículos deportivos de Iker y Xavi, ha pesado también la relación de amistad que guardan ambos jugadores, y que hicieron prevalecer pese a la tensión de los Clásicos, sobre todo tras el de la Supercopa 2011. Lo que a la postre, ha servido para incrementar progresivamente la deportividad entre ambos equipos, y sobre todo, para mantener el buen clima en la selección española, factor clave para la consecución de la Eurocopa este verano.

Con este galardón en sus vitrinas, ambos pasan así a formar parte oficiosamente de la flor y nata del deporte, al nivel de deportistas de la talla de Gebrselassie, Isinbayeva, Nadal, Schumacher, la selección española de baloncesto (con sus Gasol, Navarro y compañía), Fernando Alonso, El Gerrouj, Lance Armstrong, Steffi Graff, Miguel Induráin, Carl Lewis, Martina Navratilova, Serguei Bubka, o Severiano Ballesteros. Al menos para la Fundación Príncipe de Asturias. Y es que estos premios suelen generar controversia dado el carácter tan amplio y subjetivo de las propuestas y los votos para este galardón. Aunque eso sí, sea como fuere, lo que nadie podrá discutir es la envergadura de sus respectivas carreras. Pues ahí, los títulos deportivos logrados en el campo no admiten discusión.

Aunque, en el caso de Iker Casillas, los hay que pretenden minimizar ese palmarés y esa trayectoria en los últimos tiempos. O más concretamente, lo vienen obviando durante los últimos dos años. Donde ha sido relativamente habitual leer a especialistas y aficionados en medios de comunicación, foros y redes sociales que Casillas no es un buen capitán para el Real Madrid, que no es digno de defender ese escudo, e incluso, que debería salir del club blanco.

En estas últimas dos temporadas, José Mourinho se ha erigido casi en el portavoz único del Real Madrid, en su defensor público por excelencia, y lo ha hecho con un lenguaje tan cercano al que utilizan los aficionados madridistas, que no tardó nada en conectar con el madridismo, que lo tomó como parte del mismo, como gurú del mismo incluso, aunque acabara de empezar su carrera en el Real Madrid. En un segundo plano, pero en ese mismo modelo de actuación trazado por Mourinho, se han situado jugadores españoles de la cantera como Alvaro Arbeloa o Esteban Granero, que al menos públicamente han sido sensiblemente duros con los medios de comunicación, y especialmente batalladores en las comparaciones con el Barcelona, odiosamente desquiciantes para el madridismo en los últimos años.

Y estas ebulliciones de puertas hacia fuera, han terminado por dejar a Iker Casillas en un tercer plano a ojos de algunos aficionados, como si sacar pecho en Twitter fuera el único cometido de un capitán del Real Madrid. Crucificando incluso al portero madridista por actitudes como la de hermanarse con Xavi y otros compañeros blaugranas de la selección, cuando en otros estamentos se le reconoce precisamente por eso, como una virtud dentro del deporte. Y sirvan como ejemplo estos mismos Premios Príncipe de Asturias.

Una actitud crítica con Iker Casillas que evidencia una selectiva falta de memoria, por no decir directamente que roza incluso la falta de respeto con un deportista superlativo. Y es que, como decíamos anteriormente, va más allá del Premio Príncipe de Asturias. Se trata de un deportista con una carrera brillante como pocas: con 21 títulos colectivos, entre los que se encuentran nada menos que dos Ligas de Campeones, dos Eurocopas, un Mundial y cinco Ligas. Y entre los reconocimientos individuales, el honor de haber sido elegido como el Mejor Portero del Mundo por la IFFHS durante los últimos cuatro años. Un palmarés que le coloca como el jugador más laureado del actual plantel madridista, por encima incluso de los Mourinho, Cristiano Ronaldo o Kaká.

Con lo que, por la rama puramente deportiva, hay poco que tacharle. Pero es que se trata además de un futbolista madridista, de los de verdad. No de los de sentimientos con fecha de caducidad lo que dura su contrato. Nada menos que 22 años hace que entró en el Real Madrid, trece de ellas completas en el primer equipo. Lo que quiere decir que nadie lleva más tiempo que él en el club blanco, ni siquiera Florentino Pérez, ni por supuesto ningún otro jugador o miembro del cuerpo técnico. Cuando Casillas ganó su primer título con el Real Madrid, la Liga de Campeones del año 2000, José Mourinho aún no había empezado su carrera como entrenador en solitario, Cristiano Ronaldo –buque insignia de este equipo- aún jugaba en el Clube Desportivo Nacional en Portugal, y Alvaro Arbeloa no había llegado siquiera al Castilla, aún jugaba en las categorías inferiores del Zaragoza.

¿Quién se cree entonces que haya alguien a día de hoy en el club que pueda enseñarle a Casillas lo que significa ser madridista? ¿De verdad alguien cree que Casillas es menos madridista por colgar en las redes sociales la programación de las fiestas de su pueblo mientras otros ponen fotos de celebraciones? ¿Por felicitar al Barcelona cuando gana un Clásico? Casillas está por encima de todo eso. Y no porque lo diga éste o aquél periodista, aficionado o directivo, sino porque se lo ha ganado año a año durante los 22 que lleva en el Real Madrid. Tanto en el plano deportivo como extradeportivo. Aunque algunos lo minimicen o lo obvien. Se puede alabar a quien se quiera, pero no debería ser a coste de menospreciar a un Casillas que se ha ganado un respeto que algunos no le tienen.


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