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El brasileño se queda finalmente en Concha Espina después de un verano movido. El corresponsal del Real Madrid Alberto Piñero analiza la situación del ‘8’ merengue

 Alberto Piñero
 Análisis | Real Madrid
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Recuerdo como si fuera ayer mismo la presentación de Ricardo Kaká en un Santiago Bernabéu desbordado para la ocasión. Las calles adyacentes estaban abarrotadas desde mucho tiempo antes de que comenzara el acto, poco importaba el calor. Casi todos los que acudieron aquella tarde a ver por primera vez al brasileño sobre el césped del coliseo blanco lo hacían además vestidos con su camiseta madridista, y muchos, también con pancartas dando la bienvenida al ex del Milan.

Florentino Pérez había aterrizado poco tiempo antes en el club y, con la revolución que estaba llevando a cabo, se respiraba un clima de auténtica euforia en el estadio. El madridismo lo venía pasando mal con tanto escándalo institucional en Concha Espina, y continuos bochornos sobre el césped, y había una rabia contenida que fue desatada con la presentación. La que era la primera exposición pública del poderío del nuevo proyecto blanco, donde Kaká se suponía que iba a ser la piedra angular. "Un nuevo equipo intentará estar a la altura de hombres como él” llegó a decir Florentino Pérez en la presentación de Kaká, con muchos aficionados diciendo entonces preferir al brasileño por encima de Cristiano Ronaldo incluso.

Han pasado tres años de aquella tarde, y seguramente ahora todos aquellos que eligieron al ‘8’ por delante del entonces ‘9’ se arrepientan de aquella elección. Y no por el banal hecho de tener razón o no, sino seguramente porque no esperaban semejante decepción. Y es algo que trasciende más allá de la disyuntiva entre Ronaldo o Kaká, pues el brasileño no sólo es que no haya llegado al nivel de su compañero portugués, es que tampoco ha exhibido ni una pizca de lo que demostró en Milán, y ni siquiera ha alcanzado el nivel medio que ha exhibido el Real Madrid en estas tres temporadas.

Oportunidades ha tenido. Muchas. Mismamente toda esta pasada campaña ha participado del primer equipo sin molestias físicas. Pero sólo ha sido capaz de ser válido para el equipo blanco “en algunos partidos” (Mourinho dixit). Y éso, costando 65 millones de euros y cobrando 10 millones netos anuales, acarrea un coste: que ya no te quieran en tu propia casa.

Y fue el propio club merengue el que lanzó la primera piedra, con aquella reunión en el Santiago Bernabéu televisada para todo el país. Ahí se le dijo que no se le quería, que estaba en la lista de transferibles. Entonces, los clubes pretendientes se dieron por enterados, y los aficionados comenzaron a asimilarlo. Sin mayor trauma tampoco. Pero después de un verano intentándolo, no ha habido forma de encontrar una salida digna para todos, ni por el dinero que quería cobrar el club, ni por el destino y el dinero que quería seguir cobrando el jugador para las prestaciones que venía dando en los últimos tiempos.

“Si el 1 de septiembre Kaká sigue en el club, será uno más e intentaremos sacarle todo el rendimiento posible” dijo José Mourinho hace unos días. Es 1 de septiembre y Kaká sigue en el Real Madrid, pero lo cierto es que después de este verano de rumores, su imagen ya no es la misma. El madridismo siempre le ha tratado con respeto y cariño, conservando en algún rincón de su corazón la esperanza y la ilusión por volver a ver resurgir a Kaká, aunque ojos y cabeza pudieran decir que era una quimera. Ahora, después de más de un mes con su marcha ya asimilada, visto que en el propio Real Madrid no confían en él, y que no hay tampoco un club de fuera que lo haga, creo que el madridismo no le esperará más. Y de hecho, no ha jugado ni un minuto en los primeros cuatro partidos oficiales y -ni en público ni en privado- aficionados, directivos o especialistas se han agitado lo más mínimo. No estuvo en la foto de la celebración de la Supercopa, y ha pasado desapercibido incluso. Si renace, estupendo. Pero la esperanza del madridismo ahora está depositada en otros jugadores, el propio Modric es el que se la merecería ahora. Y mientras, Kaká será efectivamente uno más. Sólo uno más. Y eso seguramente sea muy poco para todos aquellos que colapsaron el Santiago Bernabéu el día de su presentación.

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