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El Pucela suma dos victorias en los dos primeros encuentros de la Liga BBVA. Ha marcado tres goles y no ha encajado ninguno. Nivel sobresaliente para un recién ascendido sin techo

 Quillo Barrios
 Editorial | Real Valladolid
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El Real Valladolid se ha convertido en un especialista a la hora de obrar milagros. Ascendió a primera división en una temporada muy complicada, en la que existieron problemas económicos y los jugadores pasaron muchos meses sin cobrar. Lo hicieron con fútbol, entrega y profesionalidad.

Ahora, en la Liga BBVA, Miroslav Djukic mantiene el estilo, con el balón como protagonista y un juego capaz de enamorar. Las arcas del José Zorrilla siguen vacías y la deuda no desaparece, pero a orillas del Pisuerga se han hecho bien las cosas a lo largo del verano, algo que se ha podido comprobar en el inicio del campeonato.

Sereno, Omar Ramos y Juan Neira han llegado a Pucela en calidad de cedidos. Patrick Ebert, Rukavina y Sastre lo hicieron con la carta de libertad. Todos a coste cero.

Tras unas semanas de incertidumbre y turbulencias, el Valladolid cambió el chip y se centró en la competición oficial. Y ahí, cuando la pelota manda y el césped es el único escenario, los hombres de Djukic brillan con luz propia. Durante noventa minutos, los problemas económicos no existen y la angustia queda escondida en un pequeño rincón del vestuario.

Se mantiene el bloque del ascenso, con Jaime, Balenziaga, Jesús Rueda, Marc Valiente, Álvaro Rubio, Víctor Pérez, Óscar y Javi Guerra en el once inicial. Rukavina, Ebert y Omar Ramos completan las alineaciones del técnico serbio. Repiten ocho héroes del ascenso y se suman tres futbolistas que aumentan la calidad del equipo. Y todo ello, repetimos, a coste cero.


El debut tuvo lugar en Zaragoza. Los primeros minutos fueron difíciles. Al Valladolid le costó adaptarse a la categoría, como el niño que llega a un colegio nuevo dejando atrás las viejas costumbres. Aún así, el paso de los minutos dejó un poso de serenidad en un Pucela que empezó a jugar al fútbol y demostrar las virtudes que lo llevaron al ascenso.

Óscar marcó para hacer justicia. 0-1 en La Romareda y recital absoluto hasta los últimos quince minutos, en los que la gasolina acabó y el Zaragoza apretó. Los hombres de Djukic aprendieron a sufrir, con y sin balón, en el terreno de juego. La brillantez fue el guión perfecto para llegar al gol. Con el trabajo se selló el triunfo. Una mezcla positiva y que pocas veces falla.

Días después, Zorrilla volvía a respirar aroma de primera división. El Levante visitaba el estadio blanquivioleta. Revelación de la 2011/2012, actualmente disfrutando del premio de la Europa League. Rival difícil, cuya moral estaba por las nubes. "Habrá que tener paciencia", apuntó Miroslav Djukic ante los medios de comunicación en la rueda de prensa previa al encuentro.


El panorama era el previsto. Balón para el Valladolid, que dominaba la posesión, pero no terminaba de hacerse con el control del encuentro. Y es que, tener la pelota no es sinónimo de éxito. Para alcanzar el resultado deseado, el esférico debe circular con velocidad y verticalidad, no de bota a bota y sin presencia en el área rival.

Poco a poco, y con el protagonismo de un incansable Ebert, los pucelanos implantaron su dictadura. Transiciones rápidas, abriendo el campo y buscando profundidad entre líneas. Las ocasiones llegaban y los goles estaban al caer. El 1-0 y el 2-0 se firmaron desde el punto de penalti, obra de Víctor Pérez. El primero tuvo lugar tras una acción por banda derecha. El segundo, tras una internada por izquierda. Infracciones claras. Dos goles. Partido sentenciado. Victoria merecida. Excelencia hecha fútbol.

Hoy por hoy, Pucela vive en una nube. Y no, no va a bajar de ella. "Sabemos que vamos a sufrir", comentó Djukic minutos después de vencer al Levante. Lo sabemos. Lo saben. Aún así, no es momento para pensar en el futuro. Hay que disfrutar del presente. Y el presente nos dice que el fútbol ha sabido premiar a un Valladolid que siempre apostó por llegar al resultado a través de la brillantez. Un delicioso equipo... A coste cero.

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