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La renovación del delantero es una incógnita para un equipo que, de no contar con él, lucharía por otros objetivos

 Miguel Churruca 
 Opinión | Athletic
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Desde el pasado jueves, cuando Fernando Llorente recibió unos inmerecidos pitidos desde la grada de San Mamés, su renovación por el Athletic vuelve a ser uno de los temas de actualidad. ¿Afectarán esos silbidos a la prórroga de su contrato? ¿Merece el delantero ser pitado por sus pretensiones económicas? Lo que es seguro es que, de no contar con el de Rincón de Soto, el Athletic pasaría, de ser un claro candidato a jugar cada temporada en Europa, a convertirse en un equipo mediocre que deambularía sin rumbo en la Primera División española.

Si el pasado lunes recordábamos en Goal.com las lágrimas de un Llorente emocionado tras firmar el 3-1 frente al Sporting de Lisboa que daba acceso al Athletic a la final de la UEFA Europa League, la situación actual es completamente opuesta: se palpa la tensión en el ambiente, se percibe una grada indignada y un jugador enrabietado. San Mamés vive entre la espada y la pared mientras espera la renovación de su buque insignia.

Quizás la parroquia rojiblanca no es consciente, cuando pita a su líder en el campo, de lo mucho que notaría su ausencia si el jugador decide finalmente partir y dejar atrás al equipo de su vida. Un Athletic sin Llorente sería un equipo perdido, un grupo de jugadores sin su referencia en el ataque. El hombre gol que todos los clubes necesitan en sus plantillas.

Las alternativas en el ataque rojiblanco escasean. Gaizka Toquero, utilizado como principal recambio a Llorente durante la temporada pasada, no es un '9' puro y ni siquiera la reciente llegada de Aritz Aduriz puede compensar lo que aporta el riojano al juego del Athletic.

Capaz de sumar 29 goles en las tres competiciones durante la pasada campaña, a pesar de las lesiones que le impidieron jugar cerca de una veintena de partidos, Llorente tensa ahora la cuerda con unas exigencias que rondan los 5'5 millones de euros por temporada, mientras que el Athletic se niega a darle más de los 4'5 que le ofreció en su día.

Suele decirse que uno echa de menos algo que quiere cuando ya lo ha perdido. Y también que no hay más ciego que el que no quiere ver. Frases perfectamente aplicables a una afición que parece ignorar el vacío que dejaría la salida de Llorente.


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