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La gran hornada de jugadores de la Roja, que llegaban como favoritos a los Juegos Olímpicos, debe reponerse cuanto antes del golpe

 Adrián Boullosa
 Editorial | Londres 2012
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La selección española ha mantenido un largo idilio con el éxito durante los últimos años. Las victorias en la Eurocopa, Mundial y también en las categorías inferiores han provocado que el nivel de exigencia se dispare.

Quizá por eso, la eliminación de la olímpica en Londres 2012 ha sido considerada como un fracaso sin precedentes. Pese a que el equipo nacional era uno de los grandes favoritos para hacerse con el oro, las dos sorprendentes derrotas cosechadas ante Japón y Honduras han puesto fin al sueño de las medallas.

Sin embargo, los chicos de Luis Milla se han ganado a pulso que se siga confiando en ellos. En ningún caso 180 minutos de competición pueden servir para descalificar a un grupo que ha demostrado su talento en todas las categorías inferiores.

Muchos de los que ahora atacan a Iker Muniain, Juan Mata, Javi Martínez, Ander Herrera, David De Gea, Adrián López y compañía son los mismos que les pusieron por las nubes cuando la selección se proclamó campeona de Europa sub-21 en Dinamarca hace un año.



Entonces, España tenía relevo para rato. Ahora, el fútbol de la Roja ni siquiera debería competir en los Juegos Olímpicos. Dos extremos a los que solo separan 365 días y una eliminación que, aunque inesperada, parece un resultado mucho menos desastroso si lo comparamos con las últimas actuaciones de nuestro país en esta competición.

La Rojita, a la calle
Ahora, toca hacer una crítica constructiva sin caer en la autodestrucción ni la complacencia: Luis Milla es consciente de que quizá no movió las piezas que tenía a su disposición con acierto, pero sus declaraciones pidiendo tranquilidad antes de tomar cualquier decisión son un ejemplo del trabajo que se debe llevar a cabo de ahora en adelante.

Además, resulta injusto decir que España compitió con todo su potencial. La ausencia de Thiago Alcántara ha pasado factura al juego colectivo de la selección, al igual que le ocurriría a Brasil sin Neymar o a Uruguay sin Cavani. El hispano-brasileño es un jugador especial y representa la imaginación de un equipo que sin él se queda huérfano.

Otro de los temas candentes ha sido el de la actitud mostrada por los jugadores hacia el árbitro, con el que se vivieron momentos de tensión, durante el choque ante Honduras. El triatleta Gómez Noya, incluso, afirmó que ese comportamiento era impropio en unos Juegos Olímpicos.

"No creo que el fútbol deba ser olímpico: no compiten los mejores y ese rollo de tratar de engañar al árbitro,tirarse, protestar... ¡No en JJOO!"

- Gómez Noya

Sin embargo, cualquiera que haya visto un partido es consciente de que las protestas y la picardía forman parte, para bien o para mal, de este deporte. Parece que molesta menos cuando los protagonistas son las grandes estrellas de clubes como Real Madrid y Barcelona, en vez de jóvenes que se enfrentan a una oportunidad única en su vida.

Precisamente con esta edad, el accidente ante Honduras (solo se puede calificar así a un encuentro en el que tiras tres veces a la madera y te llevas una derrota pese a tener la práctica totalidad de las ocasiones) ayudará a madurar todavía más a unos jugadores con experiencia que rinden a gran nivel tanto con España como con sus clubes.

Hace años, sería impensable que chicos de la Sub-23 fueran grandes referentes en clubes de la envergadura de FC Barcelona, Manchester United, Athletic de Bilbao o Atlético de Madrid y estrellas de la Liga BBVA.

Hasta ahora, ha sido muy sencillo regocijarse con los éxitos de España tanto en la absoluta como en el resto de categorías. Este tropiezo debe ser considerado como un aviso, pero no como un fracaso. La 'Roja' debe defenderse a sí misma, a sus jugadores y a su estilo. Solo así hemos conseguido hacer historia.

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