thumbnail Hola,

Quiero mostrar aquí el sentimiento acumulado este domingo, y que imagino, es compartido con el resto de aficionados a la franja

Eran las 9 de la mañana de un domingo especial. Ahí estaba en la estación de tren de Logroño esperando con ansia la hora para partir hacia Madrid. Tenía esa fecha marcada en rojo en mi calendario desde hace varias semanas, domingo 13 de mayo a las 20:00 en el estadio del noble equipo de Vallecas. En el tren me encontré a aficionados del Real Zaragoza que también se dirigían a Madrid con el mismo sentimiento que portaba yo en mi camiseta y mi bufanda, la permanencia.

Crecía la mañana cuando por fin llegué a mi destino, veía en mi reloj como pasaban los minutos mientras paseaba por las calles del barrio de Vallecas con un sentimiento de alegría y nerviosismo al mismo tiempo. Volví a ver ese noble estadio con la bandera rayista ondeando en el estadio y mi corazón me iba avisando que el momento estaba llegando. Camisetas del Rayo vestían al humilde barrio, gente animando por las calles y compartiendo sensaciones con personas que no conocen de nada, ¿Qué bonita es esta parte del fútbol verdad?

Algunas peñas del Rayo se reunieron para afrontar juntas este día tan importante en la historia del conjunto vallecano. En los aledaños del estadio mientras la gente empezaba a llegar y reunirse allí, abundaba la cerveza, el griterío local y un orgullo por las camisetas que portaban que pocas veces había visto en mi vida. Como todo buen rayista, yo también cumplí esta tradición.  Mientras pasaban los minutos los aficionados empezaron a mostrarse cada vez más animados viendo el ambiente que empezaba a reinar por las calles, cánticos y más cánticos que llenaban de ruido y orgullo todo el barrio. ¿Quién no disfruta de esos momentos previos, reunido con el resto de aficionados fuera del estadio, cantando? Cualquiera que ame el fútbol como yo lo amo, me entenderá.

Y llegamos al primer momento clave, se acercaba el autobús de los jugadores cuando los aficionados empezaron a dejarse la voz y las palmas, pocas veces he visto un recibimiento así a los jugadores, que pese al fuerte control policial, pudo disfrutar de la fuerza que le transmitíamos los aficionados dejándonos la voz en cada cántico. Los corazones rayistas empezaron en ese momento a latir con mayor intensidad, se veía en nuestras caras, hoy el equipo tendría que responder a los aficionados. Entrando al estadio mi cuerpo me hacía recordar que el fútbol es algo más que un deporte, que este deporte tiene algo especial, ver a un niño con una bufanda de tu club, animando como el mayor veterano del club, así lo dice.

Ya dentro del estadio, con la afición apretando más que nunca, los jugadores salían a calentar y ya podían ver como hoy no iban a estar solos (y nunca lo han estado, que conste). Todos los aficionados teníamos esa ilusión generalizada cuando crees que tu equipo hoy puede hacer historia, puede que sea lograr una simple permanencia, pero para el Rayo Vallecano y para sus aficionados la permanencia es algo más que eso, es nuestra particular champions, es demostrar que podemos mantener a un equipo con poco dinero pero mucha ilusión en una liga tan competitiva que gira en torno al dinero. 15.000 gargantas se iban a encargar de poner esa ilusión extra y de ser el jugador número 12, el 13 y el que hiciera falta.

El momento llegó, saltaron ya los dos equipos al césped y la afición empezó su noble labor de animar al equipo: rollos de papel, confeti, banderas y bufandas agitadas sin parar y cánticos, ¿Qué más podemos pedir a este deporte?

El partido empezó y nosotros en las gradas lo dábamos todo, se podía escuchar cualquier cántico del club, y de otros, desde el muy nuestro “A las armas” que pese al tiempo, aun me emociona, hasta el “you’ll never walk alone” que tanto emociona a los seguidores del Liverpool y también, a nuestro Rayo. Empezaban a llegar las ocasiones en la primera parte por parte de ambos equipos, sin generar demasiado peligro.

Por algunos momentos la afición se apagaba y el equipo lo estaba sintiendo en el campo, y al descanso nos llegaban las noticias del Getafe-Zaragoza, con la expulsión de uno de sus jugadores y del por el momento empate del Atletico-Villareal. Nuestras ilusiones no dependían de ellos, dependían de las 11 almas que había en el terreno de juego vistiendo esa camiseta que tanto valora la afición, esa por la que hay que luchar.

Nada más empezar el segundo tiempo, algo en la afición parecía que había cambiado. En el fondo del estadio, se veía a Bukaneros extender una pancarta de ánimo al club, y la afición parecía entender que este partido no solo lo tenían que ganar los jugadores, sino también nosotros.  Pero a medida que pasaban los minutos iban llegando malas noticias, el Zaragoza marcaba y ahora mismo éramos un equipo de segunda división, pero eso no hizo rendirse a la hinchada ni a los propios jugadores.  Nos íbamos acercando al final poco a poco y la gente mostraba su lado más pesimista, pero siempre animando al equipo, en ese momento Arribas se lesiona y sale Raúl Tamudo.

Nos acercamos a los últimos 5 minutos en el campo cuando la afición dimos nuestro último golpe, empezamos a animar con las gargantas ya dolidas y el corazón en un puño con la fe y la esperanza de marcar el gol que nos salvaría del infierno de segunda. Cada tímida llegada de nuestro equipo se celebraba como si de una victoria se tratara, y las ocasiones que generaba el Granada eran recibidas por la afición animando aun más fuerte al equipo.

En estas llegamos al punto más importante del encuentro, llegamos al minuto 90 y toda la afición en pie gritando, se veía en los jugadores la tensión correspondiente a esta dura situación, pero llegó el gol del Atlético al Villareal, de poco nos servía a nosotros pero sí al Granada.

Y ahí llegó, corner desde la banda derecha que sube a rematar hasta el propio Cobeño, intentando lograr un gol heroico. Pero no llegó así, el corner lo rechazó la defensa granadina, y cuando pensábamos que podrían marcar en esa acción, recuperamos el balón, y este llegó a parar a Piti, Francisco Medina Luna, y en ese momento, nuestro héroe al que agarrarnos en esa jugada. El público en pié, gritando con rabia y esperando el ansiado gol local. Piti disparó y en ese momento el tiempo para los aficionados se paró, se hizo un corto silencio de menos de un segundo en el que Michu la estrelló en el larguero, no dio tiempo a lamentarse cuando apareció Raúl Tamudo y uno de sus “tamudazos” para hacer romper en gritos, abrazos y lágrimas de emoción a 15.000 corazones sufridores en la grada, y otros tantos que no podían estar en el estadio.

Ahí llegó la recompensa al sufrimiento, a la pasión, a la entrega y a no perder la esperanza. Por mi parte, me abracé con cualquier aficionado rayista que estaba por mi lado, “estamos en primera” “esto solo sucede aquí” y un estruendo increíble era lo que mis oídos podían llegar a entender. No puedo negarlo, yo también estaba emocionado, veía como el sueño de continuar en primera volvía a Vallecas y con él, la ilusión y emoción de los hinchas sufridores.

Chicos, me gustaría contaros mejor lo que sucedió una vez terminó el encuentro, pero mi cabeza y corazón estaban en el césped, jugadores abrazados, aficionados celebrando la victoria en el césped, gritos de “El rayo es de primera” y por último, el perfecto final a este perfecto cuento, cantar “La vida pirata” en el césped rodeado de todos esos aficionados con los que compartes un mismo sueño, una misma ilusión y un mismo sentimiento, ese sentimiento lo llamamos RAYO VALLECANO. Gracias equipo, y gracias jugadores, por hacer felices a tantas personas entre las que me incluyo, siempre habrá hueco para la franja en mi corazón. Eternamente agradecido, ¡A LAS ARMAS RAYO!

Artículos relacionados