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El siete abandona el fútbol de máxima exigencia y se encamina a Catar con el reconocimiento global de que aún tenía juego que ofrecer en cualquiera de las grandes ligas europeas

Raúl González Blanco anunció ayer que dejará el Schalke 04 a final de temporada. Dos años han bastado a la leyenda blanca para alcanzar el Olimpo en el club alemán, el cual le homenajeará con un partido y retirará su número de forma indefinida. Con un asomo de emoción, Raúl comenzó a escribir ayer el epílogo de su carrera. La salida del Schalke, trae aparejada la finalización de su periplo en el fútbol de máximo nivel. El español echa la persiana a la exigencia máxima inherente a las grandes ligas y abre su abanico hacia otro fútbol, otra vida.

Catar se postula como la próxima parada del máximo goleador de la historia de las competiciones europeas. Un destino que prima el requisito que Raúl demanda a punto de alcanzar los 35 años: una rebaja de la tensión para un jugador que lleva 18 años viviendo el fútbol de alto voltaje.

El éxito cosechado en su etapa alemana, y sobre todo, sus excelsas actuaciones de los últimos meses, invitan a pensar en un Raúl inacabado para la vorágine de la que, habiendo conseguido todo, quiere huir. Sobrevuela, y siempre quedará suspendida la duda en los buenos aficionados a este deporte, si Raúl podría reinventarse una vez más. Él, que ya aplazó el retiro exótico para asumir el reto vital y profesional de la Bundesliga. Como reconoció el propio jugador, recibió ofertas de España. Dos. Es sabido que su amigo, Fernando Hierro, intentó reclutarlo para el Málaga. Cuesta imaginar a Raúl jugando en la Liga BBVA con una camiseta que no sea la del Real Madrid, lugar al que volverá.

Raúl González Blanco empieza su final con la dignidad que le ha acompañado siempre. No le atropella un mundo que penaliza como pocos el paso del tiempo. Se va con gasolina en el depósito, con fútbol de nivel que ofrecer y con el reconocimiento unánime a alguien que, además de todo lo que ha dado, aun le queda para decidir el mismo su futuro a los 35 años. Irse siendo deseado. La eliminatoria ante el Athletic de Bilbao, a la postre su adiós de facto, quedará como el poso final de la carrera de un jugador inigualable, de un deportista íntegro. Gracias por los recuerdos.

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