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La edad, las lesiones y la irrupción implacable de jóvenes talentos hipoteca seriamente la presencia de dos imprescindibles del éxito actual

El fútbol de élite es una disciplina que penaliza como pocas la más mínima señal de renuncia. La voraz competitividad y la efímera existencia intrínseca al futbolista limitan dramáticamente las oportunidades de reengancharse. Tras el éxito de la selección en Polonia y Ucrania sin David Villa, el máximo goleador de la historia de España, y sin Carles Puyol, el resorte emocional de la defensa, se antoja complicada la presencia de ambos en Brasil 2014.

Son casos diferentes los de los dos jugadores. Puyol, que planeó su retirada tras el Mundial de 2010, había reconsiderado la decisión tras hablar con Vicente del Bosque. Problemas de rodilla le privaron de jugar la Euro 2012. El catalán, a una convocatoria de alcanzar las 100 internacionalidades, se ha visto rebasado por la pareja Piqué-Ramos.

Es difícil imaginar una defensa mejor que la formada por estos dos hombres, que se han elevado como caciques absolutos de la zaga durante todo el torneo. No a día de hoy y menos en un futuro próximo. Un gol encajado en seis partidos y delanteros de la talla de Ronaldo, Balotelli o Benzema hechos trizas ilustran el dominio de Ramos y Piqué. Además de la implacable ascensión de estos dos futbolistas, su edad (26 y 25) contrasta con los 34 de Puyol a dos años de la cita mundialista.

Más matices tiene la situación de Villa, quien primero tendrá que demostrar cómo puede regresar de su fractura de tibia, una lesión de las más delicadas para un futbolista entrado en la treintena. Ya había perdido notoriedad en las alineaciones de Guardiola el asturiano, que vio como el técnico se decantaba por Messi, Alexis y Cesc ante el Madrid cuatro días antes de caer lesionado.

Cesc precisamente es uno de los ‘problemas’ que le han surgido a Villa de cara a retomar un papel importante en la Roja en la cita brasileña de 2014. El paso al frente del de Arenys y la recesión del siete ilustran un axioma que amenaza desde varios frentes al máximo goleador de la historia de la selección. Lo mejor de Cesc está por venir y lo mejor de Villa ya se ha visto. No es su compañero de equipo el único que hace buena esta frase. Alterando el primer valor por futbolistas como Adrián o Muniain se puede pensar que el cerco a Villa será total de aquí a dos años, cuando el asturiano cuente con casi 33 años.

Serán justos los libros con Puyol y Villa, colosales en 2008 y 2010. El goleador asturiano se eleva sobre encima de todos los que alguna vez han vestido la camiseta de España. Puyol, por su parte, aguanta el debate sobre el mejor central de la historia del fútbol nacional. Su aportación se resume con el gol en la semifinal ante Alemania pero no se entiende sin su raza y orgullo. “El pasado no importa”, rezaba el lema de la selección entrando en el torneo de Polonia y Ucrania. Más que eso, la edad y el talento que viene por detrás empujan fuera de la foto a dos imprescindibles de la selección de cara a Brasil 2014.

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