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El Real Madrid logró rescatar un punto de su visita a Inglaterra, donde fue perjudicado con un penalti y una expulsión injusta a Arbeloa

Manchester City y Real Madrid protagonizaban uno de los partidos más destacados de la quinta jornada de la Champions League. El marco, se sabía, iba a estar a la altura de las circunstancias. El fútbol, con los nombres que habría en cancha, tampoco defraudaría. Sólo restaba saber cuánto podría influir el arbitraje.

Y lo cierto es que, tras una primera parte en la que el colegiado Gianluca Rocchi no tuvo demasiados inconvenientes, la máxima autoridad del compromiso la lió. Cuando al partido le quedaba muy poco, casi 15 minutos, pitó un penalti a favor del Manchester City que supuso el empate del Kun Agüero (1-1) y la expulsión por segunda amarilla del madridista Álvaro Arbeloa. La falta no existió y el argentino se dejó caer.

Más cuestionable todavía fue la tarjeta mostrada a Arbeloa, pues –como aclara el reglamento- no toda falta dentro del área es merecedora de sanción disciplinaria. El partido se calentó y los futbolistas comenzaron a recriminarle todo al italiano.

Cristiano Ronaldo, en más de una ocasión, hizo gestos indebidos y no fue castigado. Además, Rocchi se mostró un tanto permisivo con los jugadores del City, que en varias oportunidades apelaron a las faltas para frenar a los españoles. Para estas alturas, el juez se equivocaba hasta en las jugadas más insólitas, las más tontas.

Todo esto favoreció a que el equipo de Mancini creyera en sus posibilidades, casi nulas hasta el momento del penalti convertido por el ex ariete del Atlético. El Madrid se replegó y resignó la posibilidad de ir a por la victoria.

Llegado el minuto 90, Rocchi añadió 5 minutos y provocó la reacción de José Mourinho. El míster portugués, tan irónico como ofuscado, aplaudió y pidió al público local que celebrara la decisión del colegiado. Pese a todo, el 1-1 no se movió del luminoso. La inoperancia de un eliminado Manchester City no tenía arreglo.

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