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El colegiado acertó al señalar un claro penalti de Manuel Pablo sobre Di María pero estropeó un buen arbitraje al cobrar erróneamente otro por manos de Evaldo

Tras la tortuosa actuación de Mateu Lahoz en el Sevilla-Barcelona, Ayza Gámez estropeó su buen trabajo con una decisión intrascendente pero grosera en los últimos minutos.  Más allá del penalti señalado a Evaldo, no tuvo problemas su trabajo en el partido que el Real Madrid venció al Deportivo de la Coruña. En la primera mitad, señaló un penalti claro de Manuel Pablo en la misma línea del área que sirvió al Madrid para empatar.

Además de esa pena máxima, en la que amonestó al defensor deportivita, Ayza Gámez completó por tramos una buena actuación en la que estuvo bien asistido por sus jueces de línea. Con 1-1 en el marcador, un fuera de juego de Abel Aguilar (por apenas medio cuerpo) bien cobrado abortó una jugada que eventualmente hubiera terminado en un penalti de Varane, que abrazó sin pudor al atacante.

En el apartado disciplinario, el colegiado mostró un criterio dispar. Interpretó con recelo una falta de Ozil por la que le enseñó una amarilla excesivamente rigurosa. Sí acertó al amonestar a Modric por manos en la primera mitad. El centrocampista  croata cortó un pase intencionadamente con la mano, una de las razones que el reglamente contempla para enseñar la cartulina.

La segunda parte fue peor, aunque la naturaleza de un partido ya desangrado minimizó los errores que le cuestan el suspenso. Anuló por fuera de juego con 4-1 una jugada en la que Nelson Oliveira se quedaba solo y en los últimos minutos, terminó de emborronar su actuación con el penalti señalado sobre Evaldo. El defensor portugués vio como le señalaban una pena máxima por una mano que ni estaba en posición antinatural ni era intencionada. Para mayor despropósito, amonestó al lateral y a Laure por protestar.

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