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El colegiado se equivocó una y otra vez, perjudicando a los dos equipos. A fin de cuentas, tuvo incidencia en el resultado, aunque no a favor de nadie

El Real Madrid se coronó campeón de liga con justicia, y ganó con merecimientos y brillantez al Athletic de Bilbao. Pero hubo un punto negro en el partido y ese fue, sin duda, el arbitraje. Teixeira Vitienes se equivocó una y otra vez en jugadas importantes y además permitió el juego brusco de ambos equipos. En suma, tuvo una pésima actuación.

El calvario del colegiado comenzó con el penal marcado por Cristiano Ronaldo. No porque Javi Martínez no hubiera tocado la pelota con la mano, que sí lo hizo, sino porque con ello estableció un criterio que después no siguió en una jugada similar, e importante. Minutos más tarde, con los merengues ganando 0-1, Sami Khedira tocó claramente la pelota con el brazo, con el mismo grado de intención de Martínez, y el árbitro decidió tragarse el silbato y no marcar.

Después, fue el turno de Xabi Alonso para tocar la pelota con la mano, esta vez fuera del área, y de nuevo Vitienes decidió no marcar. Para rematar, el árbitro decidió expulsar a Javi Martínez por una segunda amarilla en una mano que no pudo ser más accidental. Si por el criterio podía haber marcado la falta, por ninguna razón ameritaba el cartón preventivo.

Pero no sólo los merengues fueron beneficiados por el colegiado. El Athletic debió haberse quedado con 10 mucho antes en el partido. Al minuto 42, San José golpeó a Higuaín por atrás y debió, sin duda, haber recibido la segunda tarjeta amarilla, pero el colegiado se la comió. Y, en general, varias veces los jugadores del Athletic flirtearon con el juego duro, sin sanción de por medio.

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