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El futuro de Sergio Ramos en el Real Madrid depende de lo que pase con José Mourinho. Quién lo hubiera dicho cuando comenzó la temporada…

‘Mi educación y estilo nunca ha sido señalar a ningún compañero, y menos cuando cometemos errores’, declaró Sergio Ramos el domingo después de la victoria del Real Madrid sobre el Rayo Vallecano. El sevillano respondía así a una pregunta sobre las declaraciones de José Mourinho en las que el portugués le apuntaba, sin nombrarle, como responsable del mal resultado que los merengues cosecharon frente al Manchester United el miércoles pasado.

Además de reconocer su error, en su respuesta Ramos insinúa cierta falta de educación por parte del entrenador, por su hábito de señalar públicamente a determinados jugadores cuando las cosas no han ido bien. La manía de señalar, una reclamación constante del vestuario madridista contra Mourinho, ya generó
polémicas anteriores. Recuerden la petición de perdón de Ramos al vestuario después de haberse puesto la camiseta de Mesut Ozil debajo de la suya a modo de reivindicación de su compañero, que también había sido acusado de bajo rendimiento en público por Mou.

En aquel momento, Sergio Ramos se equivocó. En este caso, es el club el que se equivoca al consentir una sesión más de lavado de ropa en público por parte del entrenador. Pedirle discreción a Ramos parece excesivo. Colocar la otra mejilla después de los precedentes existentes y al comienzo de tres semanas claves para la temporada sería de beatos, no de jugadores de fútbol de 26 años en caliente después
de un partido en el que, además, el sevillano fue expulsado. Ramos se siente constantemente acusado por su entrenador, y no sorprende que reaccione como lo ha hecho.
Ramos, gol y expulsión



Como las grietas en su relación con Mourinho y el silencio cómplice del club son más que evidentes, llegan los cantos de sirena desde Barcelona. Primero Pedro Rodríguez y ahora Andrés Iniesta han elegido recientemente a Ramos como su jugador predilecto del Real Madrid, un Ramos que puede muy bien ser también el misterioso favorito de Rosell. La polivalencia del madridista ayudaría al Barcelona en dos posiciones donde los azulgranas han tenido problemas esta temporada: como central en lugar de un Carles Puyol cada vez más propenso a las lesiones, y como lateral derecho cubriendo la plaza del hoy en día inconsistente Daniel Alves.

Unos meses atrás, la mera idea de que Ramos, ídolo del madridismo con contrato hasta 2017, dejase el Real Madrid al final de esta temporada parecía descabellada, y menos aún para irse al eterno rival. Hoy, dada la defensa a ultranza de Mourinho que el club sigue ejerciendo, es muy probable que el futuro del de Camas dependa de lo que ocurra con el entrenador en junio. Si el portugués no sigue, no habrá problemas con el internacional español. Pero si The Special One consigue recuperar el vuelo del equipo en lo que resta de temporada y gana algún título, será muy difícil ver a Ramos de blanco el año que viene. El Barcelona, mientras tanto, contempla el curso de los acontecimientos desde su privilegiada atalaya y se frota las manos.

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