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Justo cuando el Real Madrid tenía problemas en casi todas sus líneas, el técnico portugués se inventa otro en la única que estaba bien, la portería. Lo analiza Eduardo Álvarez

No hace falta saber mucho de fútbol para afirmar que, hasta hace diez días, el menor problema del Real Madrid estaba en su portería. Analizando cada línea vemos que, entre baja forma de unos y problemas físicos o disciplinares de otros, este equipo no se parece en absoluto al que consiguió el título y el record de goles en la temporada pasada, y no precisamente por el estado de forma de uno u otro portero.

Con Marcelo lesionado y después del enésimo capítulo del “affaire Coentrao”, los laterales Arbeloa – en la izquierda siendo diestro – y Essien – que durante su carrera jugó de lateral de Pascuas a Ramos – están jugando mucho más de lo que deberían. Son muy justitos defensivamente y no aportan casi nada en ataque. El centro de la defensa también sufre. Después de la reciente lesión de Pepe, y sin Ramos, la pareja de centrales de ayer, formada por el jovencísimo Varane y el veteranísimo Ricardo Carvalho, está muy lejos de ofrecer garantías, como vimos ante la Real Sociedad.

El centro del campo, inseguro por las crecientes dudas de la zaga, tampoco está jugando bien. En partidos decisivos de la temporada pasada ya presenciamos dificultades para mantener la posesión y gestionar partidos con ventaja en el marcador, que persisten. Además, Khedira y Xabi Alonso juegan hoy más atrás para proteger a los casi inéditos centrales, los espacios aparecen y el contrario toca la pelota con más calma de lo habitual. Ayer, evidentemente favorecida por la temprana expulsión de Adán, la Real Sociedad tuvo 55% de posesión de balón en el Bernabéu, algo impensable a no ser que hablemos de los tiempos de Zamora y Satrústegui y López Ufarte.

Los problemas no acaban ahí. Angel Di Maria sigue en el banquillo por su baja forma física, ya que el acelerado jugador argentino pierde gran parte de su brillantez cuando no está al 100%. Su sustituto, Callejón, ha demostrado que es mucho mejor saliendo del banquillo que comenzando de inicio, aunque ayer no tuviese tiempo de nada. Y sin laterales ni extremos el Real Madrid se queda sin salida por las bandas, dependiente de que los únicos que consiguen combinar en ataque, Mesut Ozil y Cristiano Ronaldo, le saquen las castañas del fuego en jugadas de contraataque, con alguna ayuda de Karim Benzema. Una situación difícil de creer para un equipo que ayer tenía sentados en el banquillo a jugadores como Modric, Kaká, Higuaín o Di Maria, que representan un dineral astronómico en fichajes y salarios, y que atesoran un talento descomunal que la gran mayoría de equipos no se puede permitir.

Sorprende que Mourinho no haya probado otras opciones que le ayudarían a sujetar mejor el equipo atrás, como el tan denostado trivote que en algunos partidos ha dado resultado. Sorprende también que no aparezca la cantera en las posiciones más castigadas, como los laterales o las bandas. Sorprende, en resumen, que el portugués no arriesgue o pruebe variaciones tácticas nuevas, a un mes escaso del partido clave de la temporada contra el Manchester United.

Pero aún sorprende más que con esta colección de problemas en el once titular, Jose Mourinho se tome el tiempo de inventar una polémica con Iker Casillas, en la única demarcación donde el equipo no tenía problemas.

Uno de los papeles fundamentales del portero en el equipo es dar seguridad, sobre todo cuando las cosas pintan mal y se atraviesa una racha negativa de juego y resultados. Sentar al mejor portero del mundo y colocar a Adán en su lugar en la coyuntura actual no deja más tranquilo ni a los que no han jugado casi nada este año, como Varane o Carvalho; ni a los que están jugando y sufren de primera mano los problemas del equipo, como Alonso o Khedira; y, por lo que vimos el domingo en el Bernabéu, tampoco tranquiliza a ninguno de los dos porteros involucrados en el asunto.

Adán se estrenó en el coliseo blanco hecho un flan por la presión brutal de sustituir al ídolo de todo un país que, como se vio al comienzo del partido, tiene el apoyo del público madridista. La ironía del destino hizo que Casillas tuviese que entrar al campo en frío y mostrase que el plebiscito que el propio Mourinho provocó no le ha dejado nada cómodo. Como es lógico, Iker prefiere un par de gritos de ‘Iker, Iker’ como respuesta a su tradicional par de estiradas por partido que recibir una ovación cuando entra en el campo porque han echado a un compañero.

Ya sería peliagudo para cualquier entrenador tener que resolver los desajustes que el Real Madrid sufre hoy, especialmente en la zaga, medio campo y las bandas. Añadir un problema nuevo en la portería muestra que Mourinho quiere morir matando y mostrando quien manda, pero eso le puede costar muy caro, tanto al prestigio del portugués como a la temporada del Real Madrid.

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