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La Columna de Eduardo Álvarez analiza la extraña situación que vive actualmente el Real Madrid

Como bien sabe Florentino Pérez, para aprobar cualquier inversión cuantiosa en algún negocio las grandes empresas estructuran lo que en inglés se llama ‘exit strategy’, es decir, una alternativa para escapar de forma honrosa si la aventura no funciona. Exactamente para eso existen las cláusulas de rescisión en los contratos, entre otros mecanismos que limitan el riesgo en las apuestas empresariales.

Hoy por hoy, el Real Madrid no tiene alternativas a José Mourinho, y es esta situación privilegiada la que está aprovechando el entrenador portugués del Real Madrid con decisiones como la suplencia de Iker Casillas.

Cambiar de entrenador ahora sería, en primer lugar, muy caro. A mediados de abril, el Real Madrid mejoró el salario de Mourinho y el de su equipo técnico, manteniendo su duración hasta el 30 de junio de 2014. A finales de mayo, el contrato de todos ellos fue ampliado dos años más, con lo que las tres temporadas y media que aún tienen todos por delante saldrían por el proverbial ojo de la cara. Recordemos que, tras la revisión, Mourinho cobra once millones de euros netos de impuestos al año, y que tiene un equipo técnico (Aitor Karanka, Rui Faría, Silvino Louro y José Morais) que tampoco resulta barato. Es difícil imaginar que, siendo Florentino bastante reacio a cambiar de entrenador en mitad de la temporada, el Presidente madridista se resigne a pagar este inmenso finiquito a Mourinho & Co. para contratar a otro entrenador y equipo técnico que, muy probablemente, pedirá cantidades también muy elevadas, aunque con seguridad menores que las que percibe el portugués.

La segunda dificultad es precisamente la escasez de entrenadores de primer nivel disponibles en el mercado. Aparte de las curiosas manifestaciones de Rafael Benítez el viernes pasado, en las que parecía insinuar contactos con el Real Madrid para la temporada que viene, hay pocos directores técnicos cualificados para dirigir un club del tamaño y la importancia de los merengues a mitad de temporada. Por el histórico reciente, los madridistas tampoco parecen inclinados a apostar por un técnico poco experimentado, especialmente cuando estamos a solo seis semanas del partido de ida de dieciseisavos de final de la Champions League contra el Manchester United en el Santiago Bernabéu.

Ése es un motivo adicional que impide a Florentino maniobrar con libertad: parece una locura echar a Mourinho ahora para jugarse la eliminatoria de Champions con un nuevo técnico que, en el mejor de los casos, tendrá un mes escaso para implantar un estilo de juego lo suficientemente consistente como para enfrentar al Manchester United con garantías.

Como hemos visto, Florentino Pérez está atado de pies y manos, y de eso precisamente se está aprovechando el portugués, que días después de firmar un acuerdo de paz con el presidente, ha protagonizado un acto de intimidación mafiosa a un periodista – Antón Meana, de Marca – y luego ha decidido provocar una guerra civil entre los madridistas sentando a Iker Casillas, llamando ‘El Portero’ a secas por los periodistas que cubren a la selección española porque simplemente no hay otro, incluso cuando él está mal y el resto bien.

Entre los defensores de Mourinho se interpreta este último movimiento como una forma de disciplinar a la plantilla, sentando a una ‘vaca sagrada’ – expresión tomada de otro maestro de los pulsos a los presidentes, Johan Cruyff – y mostrando su independencia.

Creerse esto es defender lo indefendible, intentar cuadrar un círculo perfectamente redondo. Mourinho, que cada vez deja más claro que quiere irse, y si es posible con 100% del finiquito, ha sentado a Iker sabiendo perfectamente lo que hacía y a dónde quería llegar. Ha elegido un partido fuera de casa para que la grada no se le echase encima, con dos semanas de vacaciones justo después para que los madridistas se quejen por activa y por pasiva a su Presidente, y ha creado la excusa perfecta para su posible salida: me fui / me echaron porque los jugadores controlaban el vestuario, y no me dejaron sentar a quien no estaba para jugar.

El problema, como ya hemos visto, es que a pesar de que Mourinho lo quiere forzar, Florentino no se puede permitir echarle. Por eso tanto el Presidente como Emilio Butragueño siguen apelando a la unidad del club y, en el caso del segundo, incluso defienden públicamente el derecho del entrenador a tomar decisiones, aunque esté claro que no las comparten.

¿Cómo se resuelve este rompecabezas? Solo con algo de tiempo y, si me permiten volver a la jerga de negocios, con un ‘caballero blanco’ en forma de equipo de los respaldados por un jeque árabe, que se lleve a Mourinho a final de temporada. Hasta entonces, y si no ocurre un milagro, el Real Madrid habrá tirado a la basura los dos títulos que todavía disputa y, con la probable acumulación de ‘Mourinhadas’ que se sucederán hasta el final de temporada, sufrirá una fractura social sin precedentes en el club merengue. Un triste balance para quien estaba llamado a acabar con la hegemonía del Barcelona en España.

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